miércoles, 5 de junio de 2013

Inseguridades

Es tan triste cuando las personas a tu alrededor te promueven a seguir haciendo. Algo que salió de tì desde muy adentro y se plasmó en páginas y páginas de cuentos varios, terminó al lado de otros diez mil escritos, ignorados y solos en un rincón. Pocas personas aprecian el alma impregnada en la tinta y en las teclas en que fueron escritas esas historias... ¿Por qué precisamente, mis historias y mi alma se condenan a morir?

viernes, 12 de abril de 2013

No quedó.


Se desvaneció en el aire, se disolvió en el agua. No quedó ni una veta de color en el viento, ni tiempo con el que jugar.
No quedó ni el sutil abrazo de las madrugadas de soledad, ni el recuerdo del sol entrando por la ventana después de una noche de resaca, se cayeron las cortinas y se llenaron de polvo los estantes.
No quedó la dirección en las cartas, ni la bicicleta sin estrenar en el patio, ni la promesa de un "quizás" a destiempos.
No quedó la tristeza colgada en los alambres, ni se llegaron a secar los zapatos manchados de barro después de subir aquella montaña de formas absurdas y de rocas puntiagudas.
No quedó nada después de su partida y a veces me pregunto si aquél aire frío que me eriza la espalda cuando me despido de la gente que deja mi casa con una sonrisa, es su ausencia olvidada que persigue lo inalcanzable dentro mío. 
No quedó evidencia en las sábanas ni calor en la almohada, no quedó dolor en las raíces o las ramas, tan solo un suspiro leve de dos renglones en las que podría resumir lo sucedido.

No quedó gran cosa a donde aferrarse, solo un esbozo de expresión sarcástica reflejada en el espejo, esperando una nueva historia, un comienzo diferente, un final concluyente.

Quedaron respuestas enredadas en excusas baratas, pero se esfumaron las ganas de preguntar. Algunos besos sin responder y algunas noches sin compartir, pero ya no hay fuego para quemar las cartas ni cenizas en el piso para barrer con las manos. Ya no hay mucho más de lo que había, aquel sitio quedó desolado de nuevo, sin dolor y sin lágrimas. 


Ya no queda mucho más que escritos vacíos de puras mentiras e ilusiones estúpidas, he de mirar sin recordar, he de caminar sin caer... Ha sido mucho, fue demasiado sin ser nada, fue un mar sin sal, un océano sin olas, una vida sin muerte ni más acá. Si me preguntan, jamás sucedió aunque en el fondo sepa que es verdad por ese par de camisetas tiradas en el suelo y llenas de tinta, arrugadas y húmedas.

No quedó evidencia ni lugares qué recorrer. No quedó, solo se fue.