sábado, 20 de octubre de 2018

La duda

Claro, normal. Cuando se lleva una relación a distancia surgen días de incertidumbre y miedos, de esos que no se apaciguan fácil detrás de una llamada o la esperanza pura de ser mentiras inventadas por el monstruo de la duda.
¡Ay, maldita duda! Mientras mi lado más amable recuerda dulcemente las noches juntos, los días tomados de la mano agarrando pokémon, hablando de la relatividad o de fantasmas; el queridísimo monstruo de la duda acumula la experiencia y ordena sus folios
-¡Un momento!.
Se despliega ante mí con una presentación de power point titulada "razones para no confiar" y van apareciendo evidencias tristes de eso que no debería creer, pero que sigue presente atormentándome entre punzadas de culpa y desconfianza.
Aparecen de pronto diplomas colgados a plena vista con su nombre. Su habitación repleta de sus cosas como si formaran parte tan natural del entorno (porque es ella la de los años de presencia), tu infinita tolerancia a sus berrinches, sus libros al lado de donde duermes, tus ofrecimientos amables de café, las gatas en común, el amor infinito a su familia... Su reconocimiento mutuo y el compromiso más terrible que los unirá por un tiempo indefinido (Entiéndase como "pueden ser siglos"). Mi lado sarcástico se activa y busca entre tus actitudes cualquier demostración que me permita arrancarte un poco de mí -en caso de que esto se ponga feo- y aunque encuentro razones para desconfiar, para alejarme... En realidad no puedo. Es una sensación entre gratificante y dolorosa haberme enamorado tanto, ser incapaz de modificarlo siquiera un poco. A veces antes de dormir imagino lo que podría ser sin mí tan terca cerca de ti, quizás podrían recuperar lo que tenían y vivir felices, quizás como dicen los terapeutas solo se trata de comunicación y tiempo de sanar heridas
-¿Será capaz de dejar atrás toda la historia?- Dice el monstruo con su voz profunda mientras intento responder con una firmeza que se esconde cuando más la necesito. Empiezo a enumerar razones para amarte sin condiciones pero las voces no se callan y van apareciendo secuaces del malvado. El miedo, la culpa
-Ella contesta su teléfono, -Ella usa su baño, -Ella vive con él
¡Cállense! ¡No me atormenten! Te busco como adicta pero no siempre estás y me cuelgas al entrar a la casa, y ahí voy yo con un plato lleno de dulces buscando en la oscuridad a mis demonios inseguros "vengan a mí". Me consumen. Me sumerjo.


sábado, 15 de septiembre de 2018

Miss u

¿Sabes ñeñe? Hoy me sentí un poco triste. No me importó el clima, ni el casi robo, ni la incomodidad con los del trabajo...
Me sentí un poco fuera de base estando rodeada de tantas parejas juntas (amor y amistad -.- pinche invento) todos ahí cerca los unos de los otros y yo extrañándote tanto. Sé que todo es cuestión de paciencia pero hay días que me cuesta olvidarme de los 8300 km que nos separan, sé que para ti también debe ser difícil y por eso trato de ser fuerte. 
Ahora mismo solo escribo esto para mí, pues sé que tienes un torneo y no quiero añadirte preocupaciones, además que tu trabajo se ha puesto un poco estresante... Realmente no quiero ser una carga ni esperar siempre tu consuelo. Es difícil encontrar un balance entre amarte y extrañarte, no puedo evitar ninguna de las dos cosas. No puedo refugiarme del dolor que me causa no tenerte cerca y tampoco puedo sacarte de mi pensamiento... A veces amarte tanto es tan doloroso que quisiera huir, apagarme un instante mientras vuelvo a la normalidad, al escenario cotidiano en que me gasto las horas, llenando el horario para no pensarte de una forma tan consciente, al mundo donde llamarte dos veces es suficiente para alimentarme el alma.

jueves, 7 de junio de 2018

Asfixia

En el fondo de una piscina con el agua traslúcida sobre mi cabeza, las burbujas ascendentes con los rastros de vida que me quedan. Los intentos de respirar se verán traducidos en un dolor lacerante en mi pecho, tal como mis intentos de vivir en paz. Mi cuerpo inmóvil se hunde con el peso de la fuerza de voluntad ajena, las caras borrosas que sonríen mientras se me apaga la vista con la realidad diluyéndose a mi alrededor. Un momento de tranquilidad de esa que llega cuando el desenlace es inevitable, un segundo antes de cerrar los ojos para siempre siento una pequeña esperanza de no morirme tan joven. 
A lo mejor existen mil mejores maneras de morir que ahogada, pero en mis pesadillas sigue apareciendo esa imagen, mi nariz inspirando agua, gritando en silencio de dolor. Al despertar recuerdo que sin importar lo que haga mi final siempre será morir, sea buena, mala o una mezcla equimolar de ambas. Siento que debo creer que vale la pena cada instante en que no respiro agua y sin embargo existe una pesadez de inconformismo o de pesimismo (no estoy muy segura) que me recuerda que estoy empezando a dejar de ser yo misma: La pérdida de memoria de corto plazo, la falta de coherencia cuando hablo, el temblor en mis manos que me impide pintar, el hecho de detenerme a media frase porque no encuentro una palabra. Sé que cada día que pasa cada pequeño detalle se hace más importante, me voy convirtiendo lentamente en alguien que no voy a reconocer. Me miro al espejo y pienso que quizás tengo menos tiempo del que quisiera. Sería bueno cambiar un momento con la de mi reflejo, a la que no le importa la memoria, la coherencia o el temblor, ser por un instante esa persona que los demás observan con su sonrisa inagotable, confiada en sí misma y orgullosa de quién es, quisiera ser ese alguien que he creado para deleite de los demás. No soy más que una mariposa congelada, he olvidado volar y a través de las paredes transparentes se observan los colores mientras que en el interior estoy llena de frío, de soledad. 
Me queda la nostalgia, los cartones pegados en mis paredes. El recuerdo de la artista que ya no puedo ser, la ingeniera que olvida poco a poco cada detalle. La hija, hermana y novia de la que se olvidarán en cuanto cometa un error o aparezca alguien con mejor currículum. Queda en mi alma el consuelo de olvidarlo todo, solo es cuestión de tiempo.

sábado, 28 de abril de 2018

Migajas.

Son las 6 de la mañana en Madrid, 11 de la noche en Colombia gracias al horario de verano. 
Me pregunto si dormirás pensando en mí y duele un poco contemplar la posibilidad que solo estés dormido, sin extrañar mi cuerpo en tu cama o mis besos en tu cara. Pienso que quizás no soy tan indispensable ni lo seré para nadie, puedo vivir con ello. La soledad es la que me llena de dudas e inunda mis ojos con gotas de pesimismo que intenta no ser tan realista, ¿para qué? si antes de dormir lo único que hago es acariciar el lado de la cama en el que probablemente no cabrías (cama sencilla), si todo lo que recuerdo lentamente se desvanece como agua fluyendo entre mis dedos, una simple esperanza que poco a poco pierde la fortaleza que tenía hace un tiempo no tan lejano (poco más de 100 días). Me cuesta mantenerme en pie mientras mi mundo va girando inevitablemente alrededor de un letrero de neón con un "no". Contemplo lógicamente cada cuadro y fotograma de esta historia inverosímil pero solo acierto pensar que era un hermoso sueño que la vida ha decidido ir matando de a poco, con la paciencia de un psicópata. 
¿Qué pasaría si solo busco una sensación que realmente no existe? Me pregunto si la felicidad es más que una simple etapa inicial en todo proceso de asombro o reconocimiento de lo agradable y te veo a ti en mi memoria, sonrío y espero que lo hagas tu también pero un vacío se extiende hasta las puntas de mis dedos, quizás reclamándome el lugar negro del que desplacé el pesimismo cuando te conocí. Tú sabes que no soy tan alegre como parezco, ni tan simpática, ni tan cariñosa. Me gustaba pensar que entendías mi forma de ser, que no me lastimarías nunca porque te amaría con mesura, barreras y piruetas de fe. No fue así. Ni tu me entiendes del todo, ni he evitado el sufrimiento por completo, ni te amo con mesura. Los planes se van re-acomodando dando una falsa idea de control sobre lo que nunca estuvo bajo mi mando, llegaste a modificar todos los esquemas pre-establecidos y probados anti-dolor, derrumbaste mis paredes. Ahora me amargo los días dándole vueltas a un asunto como este, pensando si realmente será este mi momento de luchar o si debería simplemente dejar de creer en el futuro juntos, si debería dejar de intentar que me hables, me escribas o te preocupes porque existo. Me pregunto si serás tan poco expresivo como dices o si simplemente la fuerza del fuego que nos unía se ha ido apagando con cada vez que mencionas su nombre, con cada vez que he llorado pensando en que ella te trastorna la vida, sigue ahí. Puede que ya el amor no sea el eslabón que une ese "tu y ella" pero sé que existe y existirá allí, para siempre, un "algo" imborrable, lleno de recuerdos buenos y malos, sellados ante el mundo con un juramento que no duró toda la vida a los ojos de los demás pero estará para siempre en tu memoria ¿seré capaz de vivir con el olvido que nunca será?.
Tantas dudas me recorren sin respuesta, van dejando un camino vacío tras de sí. Mi amor se consume como un incienso, me convierto en humo que escapa de tu vida pero tú no pareces verlo. Quisiera verte, abrazarte y besarte, sentir que de verdad estarás conmigo siempre, pero entre más lo pienso más creo que estás mejor allá, tú en tu mundo con amigos, cerveza, billar, trabajo y Valentina. Que yo estoy mejor aquí con mi familia, mis amigos, mi arte, mi trabajo. Quizás nuestros mundos solo estaban destinados a encontrarse en un pequeño punto lleno de incertidumbre, que disfrutaríamos mientras a alguno de nosotros se le ocurría medir la cantidad de movimiento y la posición al mismo tiempo, siendo yo quién por curiosa arruinó el momento. 
Me pierdo decididamente entre trabajo, horarios y movimientos errantes. No quiero pensar ¿ves lo que pasa cuando lo hago?

viernes, 30 de marzo de 2018

Felicidad indescriptible

Han pasado solo un par de horas desde que nos besamos y se enredaron juntos nuestros dedos. Todavía siento la reminiscencia de tus labios entre los míos, aún tengo en mi piel el recuerdo de tu tacto, tus dedos, tu cara, tu cuerpo. Aún no puedo creer que sea realidad, que nos hayamos encontrado después de 100 días de paciencia y un par de baches. Aún no termino de creer en la realidad de tu presencia a tan corta distancia de mí. Han sido días maravillosos a tu lado, el solo hecho de verte sonreír y saber que puedo causarte felicidad me llena de ganas de comerme el mundo.
Dicen que existe un amor en la vida que trasciende el tiempo y el espacio. Un amor que promete establecer su juramento un día y durar hasta el final. ¿Sabes? Te miro, te abrazo y al besarte encuentro en tu mirada y el temblor de mi cuerpo la gran posibilidad de que seas tú mi amor eterno, ese al que le contaré mis secretos y a quien veré cada mañana despertar. Siento que ésta es una oportunidad dada por la vida misma, solo para demostrarne que es cierto, que no todo es sufrimiento y 'aguantar' los golpes para decir que se ama de verdad a otro ser humano. Tú me haces creer que existe mucho más entre nosotros que kilómetros de distancia. Me haces pensar que en un solo mapa podemos dibujarnoa juntos hasta que se acaben los días del calendario y no tengo miedo de tenerte siempre conmigo. Te amo. Gracias por tu dulce existencia.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Reminiscencia

Un momento de oscuridad en el día. Un pequeño instante de traición a la confianza para volverme a sentir un objeto vulnerable. ¿Como es posible encontrarse con un completo desconocido en tan pocos segundos? Una sola acción redefine los conceptos que tengo sobre alguien en mi mente. Un trastorno que crece se apodera de los recuerdos gratos, los va tergiversando a versiones malévolas de lo que consideraba un buen amigo. De repente las charlas interesadas, los abrazos amistosos y las palabras de ánimo me resuenan en un eco mentiroso que se ríe de mí. Se ríen de mí, ¡lo siento en mi cuerpo! Alguien que me quite esta sensación desagradable por favor, alguien que me recuerde que tengo voluntad, alguien que me grite para hacerme mover de mi posición recién adquirida de jarrón decorativo. Pero no hau nadie y el tiempo pasa. Mientras tanto me debato entre la duda y el dolor, el espacio se reduce hasta que se me dificulta respirar. Finalmente tomo aire y recuerdo todo en un par de segundos. Mi cuerpo se sacude fácilmente las manos traidoras que intentaron llevarme hasta la reminiscencia de la oscuridad de mi vida. ¿Cuántas veces he de enfrentarlo?
Es doloroso e innecesario, pero eso a la vida nadie se lo explicó.

sábado, 3 de febrero de 2018

Callejón de sombras.

Una noche que me duermo preocupada parece ser suficiente para desatar los demonios que me atormentan la mente. Un recuerdo negro de una voz grave susurrando palabras de amor envueltas en veneno. La simulación de una caricia hecha con alambres de púas, y el maldito recuerdo es tan vívido que me despierto gritando, con el sudor recorriendome la espalda, el terror a flor de piel sin poderme ubicar en el presente ¿donde estoy? ¿estoy sola?. Me toma un buen tiempo calmarme y mi grito ha despertado a mis vecinos. Entra una persona en mi habitación preguntando qué me pasa y solo puedo responder que tengo un mal sueño, a lo que responde que rece el rosario e intente dormir. Sus ojos somnolientos se marchan dejándome en la oscuridad de la reminiscencia. A veces me pregunto qué tan hondas son las heridas que tengo, ¿por qué si han pasado 4 años aún tengo tan marcado en el alma esa voz, esas manos, ese sexo obligado?. Me molesta ser tan débil. Me enferma pensar que un par de sucesos crueles pueden arrebatarme la paz que a diario mantengo bajo mi ritual de autoconvencimiento de felicidad.
Me desvano los sesos intentando encontrar respuestas a preguntas que son retóricas. La calma vuelve poco a poco pero mi sueño sigue siendo intranquilo, pues el temor de cerrar los ojos y encontrarme con los suyos late en mi consciente como una herida fresca. A pesar del paso de los años me duele encontrarme con una versión de mí que aún carga con malsanas memorias. Sin embargo, una mala noche no significa un contratiempo tan grande, quizás sea solo inseguridad por sentir que la única persona que me conoció realmente se transformó lentamente en quién destruyó todo lo que yo llamaba amor. Ahora es un poco distinto, puedo levantar la cabeza y pensar que no todo es un mundo lleno de espinas, pues aunque no he terminado de cicatrizar puedo sentir la esencia sanadora de la esperanza esparciéndose dentro de mí, curando el miedo, haciéndome creer que al saltar de un precipicio no me encontraré de frente con el suelo. Vuelvo a creer.

domingo, 21 de enero de 2018

Generalización de la culpa.

Qué difícil es escuchar una generalización y sentirse identificado. Tanto tiempo siendo el dato atípico, la que no pueden medir con sus reglas o esquemas y de repente resulta que hago parte de una estadística cruel. ¿Cómo es que resulta tan evidente para todos menos para uno? Encontrarse en una situación en la que le permites a alguien entrar pateando las puertas, revolcarse en los cajones y reirse de la miseria que solo puede permitir una persona enamorada. Un estado de vulnerabilidad que todos parecen conocer de antemano, pero ahí estás frente al abismo y resulta tan sencillo cerrar los ojos pretendiendo que al lanzarte no vas a encontrarte con el duro suelo de concreto, sino que mágicamente te crecerán alas y desciendes delicadamente en la punta de los pies ¿Cómo es que una.idealización así tiene sentido? Y es que al intentar repartir la culpa, asigno autores y responsabilidades, les grito en la cara que son unos bastardos sin alma pero con lágrimas en los ojos me encuentro señalando hacia al frente, apuntando directo a la cara enojada de mi reflejo. Aún tengo un par de heridas que no sanan por completo, a veces me desespero porque pienso que soy débil o demasiado tonta, temo encontrarme vulnerable ante el pasado oscuro que muchas veces parece engullirme las ganas de vivir, sigo luchando por satisfacer las expectativas de quién quise ser cuando tenía 16 años, cuando el dolor era una fantasía y las ilusiones no se morían de hambre. El optimismo se ha vuelto una filosofía de vida para mí aunque haya días en que la suerte a su manera, me recuerde que no siempre existe el lado bueno, que a veces son solo sombras extensas sin luz que las disipe. De nuevo sonrío y entierro el miedo en lo profundo ya que justo ahora siento que lo único que no puedo dejar morir (o moriría yo) es la creencia que existe amor de verdad.
Semejante desesperanza serviría para desanimar a cualquiera supongo, pero resulta que cuando menos lo esperaba aparece una representación de lo que de verdad significa un compañero de vida, y la historia comienza a tener sentido, la culpa se diluye, florece la ilusión.