Me quedo aquí pegada ala pantalla esperando el sonidito del messenger que me diga que ya me respondió. Tengo ganas de volver a cambiarle el tonito a la nueva app al que solía tener cuando recién lo conocí hace cinco años, cuando quería verlo cada segundo que hasta lo llamaba como 40 veces al día esperando que me contestara. Es extraño para mí pero también es mi miserable realidad: nadie me hace sentir de esa forma, nadie más que él. Llevaba un año sin saber de él, sin tener esta ansiedad constante por hablarle, por saber como estaba. Ahora está de vuelta y para mí es el cielo en la tierra, mis sueños materializándose poco a poco.
Dirán que estoy obsesionada, que soy una loca demente que cree que ama a alguien desde el instante en que le habló o lo vio por primera vez. Lo siento cierto, lo siento real. Cada vez que lo imagino, al dibujarlo, al pensarlo y retratarlo en mi memoria durante ese último beso que le dí en la cobardía de la despedida que nunca fue; cada vez que pienso en que quizás todavía carga ese nirvana consigo, sé que en alguna parte de su ser algo se mueve porque hay una conexión que nos hace invulnerables al mundo. Puede que la realidad cuente una historia distinta, pero para mí esa existencia, ese pálpito leve que escucho acelerarse cuando pronuncio su nombre es la fuerza que me mantiene viva, que impulsa mis metas.
Estoy más cerca de aparecer en el periódico o en una noticia que él podría leer: Quiero que vea que pudo transformarme en alguien que se interesa por el mundo. Quiero que vea que soy alguien gracias al amor que siento y sentiré para siempre por él, por haberme enseñado a quererme y a querer en la medida justa que nunca comprendí cuando lo tuve cerca.
Querido Padawan, este amor desmedido seguirá latiendo por mil años más como lo ha hecho los últimos cinco años. Feliz navidad y feliz año nuevo para tí y tus hijos peludos.
Dirán que estoy obsesionada, que soy una loca demente que cree que ama a alguien desde el instante en que le habló o lo vio por primera vez. Lo siento cierto, lo siento real. Cada vez que lo imagino, al dibujarlo, al pensarlo y retratarlo en mi memoria durante ese último beso que le dí en la cobardía de la despedida que nunca fue; cada vez que pienso en que quizás todavía carga ese nirvana consigo, sé que en alguna parte de su ser algo se mueve porque hay una conexión que nos hace invulnerables al mundo. Puede que la realidad cuente una historia distinta, pero para mí esa existencia, ese pálpito leve que escucho acelerarse cuando pronuncio su nombre es la fuerza que me mantiene viva, que impulsa mis metas.
Estoy más cerca de aparecer en el periódico o en una noticia que él podría leer: Quiero que vea que pudo transformarme en alguien que se interesa por el mundo. Quiero que vea que soy alguien gracias al amor que siento y sentiré para siempre por él, por haberme enseñado a quererme y a querer en la medida justa que nunca comprendí cuando lo tuve cerca.
Querido Padawan, este amor desmedido seguirá latiendo por mil años más como lo ha hecho los últimos cinco años. Feliz navidad y feliz año nuevo para tí y tus hijos peludos.