domingo, 25 de diciembre de 2016

La vuelta al mundo en 5 años.

Me quedo aquí pegada ala pantalla esperando el sonidito del messenger que me diga que ya me respondió. Tengo ganas de volver a cambiarle el tonito a la nueva app al que solía tener cuando recién lo conocí hace cinco años, cuando quería verlo cada segundo que hasta lo llamaba como 40 veces al día esperando que me contestara. Es extraño para mí pero también es mi miserable realidad: nadie me hace sentir de esa forma, nadie más que él. Llevaba un año sin saber de él, sin tener esta ansiedad constante por hablarle, por saber como estaba. Ahora está de vuelta y para mí es el cielo en la tierra, mis sueños materializándose poco a poco.
Dirán que estoy obsesionada, que soy una loca demente que cree que ama a alguien desde el instante en que le habló o lo vio por primera vez. Lo siento cierto, lo siento real. Cada vez que lo imagino, al dibujarlo, al pensarlo y retratarlo en mi memoria durante ese último beso que le dí en la cobardía de la despedida que nunca fue; cada vez que pienso en que quizás todavía carga ese nirvana consigo, sé que en alguna parte de su ser algo se mueve porque hay una conexión que nos hace invulnerables al mundo. Puede que la realidad cuente una historia distinta, pero para mí esa existencia, ese pálpito leve que escucho acelerarse cuando pronuncio su nombre es la fuerza que me mantiene viva, que impulsa mis metas.
Estoy más cerca de aparecer en el periódico o en una noticia que él podría leer: Quiero que vea que pudo transformarme en alguien que se interesa por el mundo. Quiero que vea que soy alguien gracias al amor que siento y sentiré para siempre por él, por haberme enseñado a quererme y a querer en la medida justa que nunca comprendí cuando lo tuve cerca.
Querido Padawan, este amor desmedido seguirá latiendo por mil años más como lo ha hecho los últimos cinco años. Feliz navidad y feliz año nuevo para tí y tus hijos peludos.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Emoción

Siempre he creido que para hacer algo bien hecho, sea relacionarse con otra persona o realizar un trabajo o actividad... es necesario que exista un combustible que se llame emoción. Si no se me acelera el corazón, si no siento que se me parte un pedazo del alma al estar lejos de ese algo o alguien, mi corazón inmediatamente lo descalifica en un aburrimiento desmedido, inmerecedor de atención.
A veces me pasa que todo comienza como una gran bajada de montaña rusa, todas las emociones en las puntas de los dedos y no puedo esperar para obtener otra descarga de adrenalina; sin embargo, al poco tiempo las mismas cosas que me emocionaban empiezan a aburrirme y me alejo, me distraigo, encuentro otro sitio qué querer. En algunos momentos se siente como si nada me importara, luego todo me importa, todo me mueve y me transforma. Un altibajo de emoción que arrastra otras personas y mis propias metas y aunque existen instantes en los que creo que sería mejor mantener una actitud estable frente a todo; me he ido acostumbrando a mis arranques, a no hacer caso de los comentarios ajenos a mi propio ser.
Llevo años yendo y viniendo de mis gustos y pasiones y a pesar de eso. Siempre está él. Siempre entre mis silencios.