sábado, 3 de febrero de 2018

Callejón de sombras.

Una noche que me duermo preocupada parece ser suficiente para desatar los demonios que me atormentan la mente. Un recuerdo negro de una voz grave susurrando palabras de amor envueltas en veneno. La simulación de una caricia hecha con alambres de púas, y el maldito recuerdo es tan vívido que me despierto gritando, con el sudor recorriendome la espalda, el terror a flor de piel sin poderme ubicar en el presente ¿donde estoy? ¿estoy sola?. Me toma un buen tiempo calmarme y mi grito ha despertado a mis vecinos. Entra una persona en mi habitación preguntando qué me pasa y solo puedo responder que tengo un mal sueño, a lo que responde que rece el rosario e intente dormir. Sus ojos somnolientos se marchan dejándome en la oscuridad de la reminiscencia. A veces me pregunto qué tan hondas son las heridas que tengo, ¿por qué si han pasado 4 años aún tengo tan marcado en el alma esa voz, esas manos, ese sexo obligado?. Me molesta ser tan débil. Me enferma pensar que un par de sucesos crueles pueden arrebatarme la paz que a diario mantengo bajo mi ritual de autoconvencimiento de felicidad.
Me desvano los sesos intentando encontrar respuestas a preguntas que son retóricas. La calma vuelve poco a poco pero mi sueño sigue siendo intranquilo, pues el temor de cerrar los ojos y encontrarme con los suyos late en mi consciente como una herida fresca. A pesar del paso de los años me duele encontrarme con una versión de mí que aún carga con malsanas memorias. Sin embargo, una mala noche no significa un contratiempo tan grande, quizás sea solo inseguridad por sentir que la única persona que me conoció realmente se transformó lentamente en quién destruyó todo lo que yo llamaba amor. Ahora es un poco distinto, puedo levantar la cabeza y pensar que no todo es un mundo lleno de espinas, pues aunque no he terminado de cicatrizar puedo sentir la esencia sanadora de la esperanza esparciéndose dentro de mí, curando el miedo, haciéndome creer que al saltar de un precipicio no me encontraré de frente con el suelo. Vuelvo a creer.