miércoles, 20 de mayo de 2020

Aviso de tormenta.

Llega un momento en que parece que todo está bien, que no hay forma de estropear ningún pequeño detalle de un panorama extenso frente a los ojos; como si no existiera ni una sola nube con matices de gris en el cielo.
¡Cuidado! Es justo en el momento en que haces un parpadeo más largo de lo habitual, ese pequeño instante en que tu respiración se hace irregular, es justo ahí que todo se va al carajo. De repente ocurren todas las improbabilidades juntas, el azar haciendo de las suyas para formar el caos: Las blancas nubes de repente están alborotadas, el sol se oculta sin dejar rastro de dónde encontrarlo en el firmamento. Una brisa pequeñita desata un huracán sobre la playa. Se destroza el paisaje sin saber muy bien en qué momento empezó la pendiente negativa en la regresión.
Una llamada de siempre en la mañana, pero llega con palabras frías, tremendamente calculadas que no se pueden solo refutar y ya está. El espacio físico se reduce a los metros cuadrados que comparto con mi compañera, mi identificación se vuelve un permiso intransferible para tener libertad un par de horas cada semana y suenan más fuerte las voces de la autodestrucción en mi cabeza. Llegan todas las señales juntas y no tengo una ecuación para predecir el sistema, en un segundo una pequeña perturbación sobre la lisa superficie del agua se vuelven oleadas de las que destruyen ciudades.
Por un momento contemplo todo alrededor; las sillas volcadas, los árboles sin hojas, el cielo tan oscuro y alborotado que es difícil ver la linea divisoria en el horizonte que se supone separa el firmamento del océano. La confusión es la forma corriente de las cosas que hace un momento estaban tan claras, tan simples. No existe un ápice de seguridad en el porvenir y solo me queda confiar en que de alguna forma, volverá la vida al paisaje, que se cerrará un día la herida que intento ocultar, que me dirá que nos amamos sobre todo y será de nuevo suficiente.


Me doy cuenta que el amor no es suficiente,
que no existen límites para el caos,
Que los barcos no navegan al oriente,
Que no hay una voz gritando ¡Calmaos!
Desde el cielo solo llega una voz estridente
Que grita ¡Este no es el mundo que compramos!