martes, 26 de abril de 2016

Necesidad

Pienso que el amor es una cosa bien extraña. Se ama con el corazón y estúpidamente. Se ama con la mente de forma concienzuda. Se ama con el cuerpo sin tener en cuenta nada, se ama por deseo también.
Soy de esas personas que odian las etiquetas. Detesto encontrarme en todos lados esos malditos anuncios de "el amor es para los locos de corazón" o "el amor ocurre entre dos personas mentalmente armónicas", como si fuera tan sencillo de explicar qué carajos es. Claro, desde que existen esas figuras monumentales hechas a los amantes incondicionales que se casan, que tienen hijos, que se enamoraron desde que tenían 4 años nos descalificaron a todos los demás, a los que hemos amado más de una vez y de diferentes formas... Siempre creo que debe ser una impresión meramente personal y si resulta que cuando decís "te amo" y la otra persona entiende, acepta y devuelve ese amor en una forma que consideremos aceptable entonces parece que el amor es mutuo.
Pasa que amar está tan definido que todo el mundo cree entenderlo y nadie lo hace, quizás ni siquiera yo. 
Esa necesidad de definir, de limitar, de estar dándole a todo un nombre, fecha de nacimiento y de caducidad es lo que nos ha llevado a establecer como cierto lo que dicen las malditas tarjetas de felicitación que venden en las droguerías (mientras uno compra la pasta de la migraña se entretiene en la fila leyendo -Amor es único e irrepetible y solo existe entre nosotros-), uno se sienta a pensar que quizás no siente de la forma correcta ni como es debido. He amado con la mente y me he sentido cruel porque no puedo sentir esa necesidad imperiosa de llamarlo cada 2 segundos a ver como está o donde está; por no pensar cada vez que lo beso si será él el amor de mi vida para siempre y firmar frente a alguna autoridad un compromiso de "hasta que la muerte nos separe". Me he sentido culpable de no soñar todos los días con un futuro feliz, llena de hijos y cocinando pasteles.
Me he sentado a llorar cuando resulta que no amé a alguien con la estupidez necesaria, cuando sentí que quizás el deseo era lo que me llevaba a buscarlo siempre y mientras estaba satisfecha seguía sin pensar en todo lo que arriesgaría por estar cada segundo a su lado, respirando su dióxido de carbono al son de otro orgasmo. Me he puesto deprimida muchísimas veces por darle vueltas a las piezas de un rompecabezas al que le faltan piezas; ¿y si quizás yo no he amado estúpidamente como se merece cada ser de este planeta?. Claro que he amado, pero he amado a mi manera. Sentirme de más, de menos en algún lado no va a darme un día por arte de magia, esa sensación de ser parte de un concepto universal, yo sé que no lo soy y yo amo a destiempos, amo estúpidamente, concienzudamente, físicamente. He amado y nunca voy a terminar de entender la razón por la cual siempre siento que sobro.

domingo, 17 de abril de 2016

Makes no sense at all


Como odio que me arranquen la motivación de los huesos. Va uno todo contento por la vida siendo curioso, investigativo, ¿y esto por qué? ¿y de donde? pero no, no me dejan ser feliz.
Instrucciones para matarme:
1. Por favor rellene este cuestionario con ecuaciones matemáticas hasta que pierda el sentido físico que tiene en su cabeza.
2. Repita los ejercicios que considere más tediosos, aburridos y poco objetivos hasta que se olvide de todo y pierda el interés.
3. Cada vez que digamos "proyecto investigativo" en realidad queremos decir haga una lectura profunda de un artículo cientifico y explíqueselo a sus compañeros, lo mejor del mundo sería si está lleno de ecuaciones que usted, de primerazo, no comprenda. Si llega a entenderlo entonces confunda a sus compañeros y usted mismo con gráficos sin sentido.
4. Si en algún momento se le ocurre comparar un fenómeno físico de libro con algo de las ecuaciones matemáticas que hemos visto (en los más de 160 créditos que completa) ni se le ocurra decírselo a nadie no vaya a ser que se le olviden los métodos de resolver ecuaciones diferenciales o tratamiento de matrices... darle sentido físico y ver la belleza de la naturaleza es para científicos ¡que somos ingenieros joder!

miércoles, 6 de abril de 2016

Caminos sin rocas.

A veces me imagino como sería si no me preocupara tanto. Extraño no poder ignorar a la gente como solía hacerlo, alejar mis ojos del mundo y concentrarme únicamente en mí como toda una egoísta.
Quizás jugar una o dos veces frente al espejo, inventándome las conversaciones, aunque esa es una costumbre que aún no pierdo del todo.
Recuerdo el ser de 15 años que veo en el espejo todos los días, cada vez más joven, más inmadura, menos rota. Recuerdo la necesidad que tenía de sentir algo por alguien y el vacío en el alma que sentía al mirarme y no ver ni un solo deje de tristeza. Yo solía estar apegada a las imágenes mentales que me iba haciendo de las personas, a los cuadros de personalidad que le encajaba a la fuerza a cada uno y era feliz.
Ahora no sé que es esa extrañeza, soy una familiar de todo el mundo y me pierdo en problemas ajenos a los míos, siento empatía, siento dolor. Demasiado dolor. Me mandas un vídeo con sonidos para dormir que me dan dolor de cabeza y yo me río por dentro porque sé que no lo haces con mala intención... Es más fácil hablar contigo con sinceridad que con cualquier otra persona y eso es porque ya no tengo forma de romperte, ya no quiero impresionarte con el currículo que vendo cuando hablo de mí y de las cosas que hago que me hacen única y especial. Tu ya sabes quién soy así que puedo ser yo misma. Justo esa es la definición de las cosas absurdas de la vida: Entre más distancia camino lejos de nuestros sueños, más cerca te siento de mi. Como si la distancia fuera un combustible para la nostalgia de las cosas inexistentes, de los momentos no vividos pero soñados: Una maldita manía de poner en la realidad los recuerdos de todo lo que siempre quise que fuera y nunca fue.
Una imagen que proyecto desde mi cabeza modificando el pasado, haciéndolo amable y aunque no lo desee en mi presente siento que un fantasma formado de ilusiones me persigue: todo lo que pude ser, lo que podría haber dicho, como podría haber sido y no fue. Lo absurdo se hace cotidiano y suelo retomar costumbres antiguas: que me pongan los zapatos, que me besen la espalda ¿y para qué? quizás lo que yo quiero no sea construir una historia diferente, sino re-hacer la que ya tengo en la cabeza. Con otros rostros, con otras manos guiándome en el camino; hacer todo lo que no hice, decir todo lo que no dije ¿y a quién? a otra persona. ¿por qué? porque siento que puedo, que quiero y que debo.

lunes, 4 de abril de 2016

La muerte.

Me muero todos los días en mis pensamientos. Cierro los ojos y sueño en cómo termina mi vida ¿quién lloraría? ¿a quién le importaría de verdad?. Me quedo callada y alguien no tarda en preguntar en qué estoy pensando. Suelo inventar cosas "nada, este clima tan raro ¿no?". Algún comentario termodinámico, quizás de física, quizás de nada. La verdad es que no sé ni por qué pienso tanto en morirme como si no quisiera vivir ¡y si quiero! ¿pero por qué?.
Me duelen los dedos, las piernas, la cabeza. Un martilleo incesante en mis sienes. Me siento encerrada y no sé cuales son mis barrotes ¿qué me impide sentirme bien? soy yo misma, lo sé. ¿por qué?.
Duelen las noches, las pesadillas... Sueño con enfermedades terminales, accidentes de tránsito, fenómenos meteorológicos. Apuñalada, perseguida. Muerta. Siempre muerta. No late nada dentro de mí aunque quisiera robarle algo de esencia a lo que me rodea, algo me impide seguir adelante, me ata a un lugar que desconozco, me arrastra como un asesino, colecciona mis escenas de miedo y vuelve a reproducirlas como un video, como un gif. Muerta, muerta. Siempre muerta.