Pienso que el amor es una cosa bien extraña. Se ama con el corazón y estúpidamente. Se ama con la mente de forma concienzuda. Se ama con el cuerpo sin tener en cuenta nada, se ama por deseo también.
Soy de esas personas que odian las etiquetas. Detesto encontrarme en todos lados esos malditos anuncios de "el amor es para los locos de corazón" o "el amor ocurre entre dos personas mentalmente armónicas", como si fuera tan sencillo de explicar qué carajos es. Claro, desde que existen esas figuras monumentales hechas a los amantes incondicionales que se casan, que tienen hijos, que se enamoraron desde que tenían 4 años nos descalificaron a todos los demás, a los que hemos amado más de una vez y de diferentes formas... Siempre creo que debe ser una impresión meramente personal y si resulta que cuando decís "te amo" y la otra persona entiende, acepta y devuelve ese amor en una forma que consideremos aceptable entonces parece que el amor es mutuo.
Pasa que amar está tan definido que todo el mundo cree entenderlo y nadie lo hace, quizás ni siquiera yo.
Esa necesidad de definir, de limitar, de estar dándole a todo un nombre, fecha de nacimiento y de caducidad es lo que nos ha llevado a establecer como cierto lo que dicen las malditas tarjetas de felicitación que venden en las droguerías (mientras uno compra la pasta de la migraña se entretiene en la fila leyendo -Amor es único e irrepetible y solo existe entre nosotros-), uno se sienta a pensar que quizás no siente de la forma correcta ni como es debido. He amado con la mente y me he sentido cruel porque no puedo sentir esa necesidad imperiosa de llamarlo cada 2 segundos a ver como está o donde está; por no pensar cada vez que lo beso si será él el amor de mi vida para siempre y firmar frente a alguna autoridad un compromiso de "hasta que la muerte nos separe". Me he sentido culpable de no soñar todos los días con un futuro feliz, llena de hijos y cocinando pasteles.
Me he sentado a llorar cuando resulta que no amé a alguien con la estupidez necesaria, cuando sentí que quizás el deseo era lo que me llevaba a buscarlo siempre y mientras estaba satisfecha seguía sin pensar en todo lo que arriesgaría por estar cada segundo a su lado, respirando su dióxido de carbono al son de otro orgasmo. Me he puesto deprimida muchísimas veces por darle vueltas a las piezas de un rompecabezas al que le faltan piezas; ¿y si quizás yo no he amado estúpidamente como se merece cada ser de este planeta?. Claro que he amado, pero he amado a mi manera. Sentirme de más, de menos en algún lado no va a darme un día por arte de magia, esa sensación de ser parte de un concepto universal, yo sé que no lo soy y yo amo a destiempos, amo estúpidamente, concienzudamente, físicamente. He amado y nunca voy a terminar de entender la razón por la cual siempre siento que sobro.