Existe solo un gramo de peso necesario para hacer caer una montaña, si esta está en el límite. He ahí una breve descripción de mi estabilidad mental. No sé ni cuando empecé a aceptar estados de ánimo tan volátiles como algo tan arraigado a la vida misma, ya no sé qué es vivir sin estar todo el tiempo en un juego de todo o nada, en el que un simple comentario puede arruinar mi felicidad por una semana y una sola palabra puede hacerme sonreír el resto del año.
Tengo la maldición de la memoria y el extremismo. Doña exagerada. Hace tiempo escribí que una de las cosas que más odio de mí misma es juzgar a las personas únicamente por la última cosa que les vi hacer. Creí poder mejorar este aspecto, poder evitar solo tomar un dato aleatorio, pero no puedo. Algo dentro de mí cruje cada vez que intento fingir que tal o cual cosa no me interesa y que puedo seguir siendo la misma amiga, la misma conocida, la misma novia. Duele ser una persona que se quiebra tan fácil. Ojalá hubiera nacido con un alma menos corrompible, ser un poco más fuerte y soportar las cosas sin tener que callarlas en soledad por miedo a perder mi precioso mundo.
Lo triste es estar de pie en un lugar en donde la tormenta parece ser el clima constante y yo soy una hoja de papel cubierta de tinta. Cada gota me desgarra, me arrastra. ¿Por qué soy de esta forma? Odio tener que depender de otros para estar bien.
Una delincuente, un pedazo de persona que no merece nada bueno del mundo: solo un alma quebrada que todavía no entiende el porqué los demás acuden a ella en busca de un consejo.
Tengo la maldición de la memoria y el extremismo. Doña exagerada. Hace tiempo escribí que una de las cosas que más odio de mí misma es juzgar a las personas únicamente por la última cosa que les vi hacer. Creí poder mejorar este aspecto, poder evitar solo tomar un dato aleatorio, pero no puedo. Algo dentro de mí cruje cada vez que intento fingir que tal o cual cosa no me interesa y que puedo seguir siendo la misma amiga, la misma conocida, la misma novia. Duele ser una persona que se quiebra tan fácil. Ojalá hubiera nacido con un alma menos corrompible, ser un poco más fuerte y soportar las cosas sin tener que callarlas en soledad por miedo a perder mi precioso mundo.
Lo triste es estar de pie en un lugar en donde la tormenta parece ser el clima constante y yo soy una hoja de papel cubierta de tinta. Cada gota me desgarra, me arrastra. ¿Por qué soy de esta forma? Odio tener que depender de otros para estar bien.
Una delincuente, un pedazo de persona que no merece nada bueno del mundo: solo un alma quebrada que todavía no entiende el porqué los demás acuden a ella en busca de un consejo.