viernes, 17 de junio de 2016

Lineas difusas

Existe solo un gramo de peso necesario para hacer caer una montaña, si esta está en el límite. He ahí una breve descripción de mi estabilidad mental. No sé ni cuando empecé a aceptar estados de ánimo tan volátiles como algo tan arraigado a la vida misma, ya no sé qué es vivir sin estar todo el tiempo en un juego de todo o nada, en el que un simple comentario puede arruinar mi felicidad por una semana y una sola palabra puede hacerme sonreír el resto del año.
Tengo la maldición de la memoria y el extremismo. Doña exagerada. Hace tiempo escribí que una de las cosas que más odio de mí misma es juzgar a las personas únicamente por la última cosa que les vi hacer. Creí poder mejorar este aspecto, poder evitar solo tomar un dato aleatorio, pero no puedo. Algo dentro de mí cruje cada vez que intento fingir que tal o cual cosa no me interesa y que puedo seguir siendo la misma amiga, la misma conocida, la misma novia. Duele ser una persona que se quiebra tan fácil. Ojalá hubiera nacido con un alma menos corrompible, ser un poco más fuerte y soportar las cosas sin tener que callarlas en soledad por miedo a perder mi precioso mundo.
Lo triste es estar de pie en un lugar en donde la tormenta parece ser el clima constante y yo soy una hoja de papel cubierta de tinta. Cada gota me desgarra, me arrastra. ¿Por qué soy de esta forma? Odio tener que depender de otros para estar bien.
Una delincuente, un pedazo de persona que no merece nada bueno del mundo: solo un alma quebrada que todavía no entiende el porqué los demás acuden a ella en busca de un consejo.

jueves, 2 de junio de 2016

Aire frío.

Un dia me preguntaron si yo era depresiva o ansiosa. Una incógnita en mi cara, pero respondí que sí y pregunté como lo sabía si no me conocía, a lo que me respondió que era por el tipo de sonrisa que tenía cuando estaba rodeada de gente: una sonrisa medio postiza, medio real. Le pregunté si él también sufría de alguna de las dos cosas. Claro que sí, solo los depresivos-ansiosos nos reconocemos entre sí.
Hablar con alguien que te entiende, que siente lo mismo que tú es un pequeño alivio a la tormenta que vive dentro de uno y es que la gente "normal" no lo entiende, nunca podrá entender lo que es tener un pequeño ente malvado muy adentro que critica todo lo que haces, que descalifica tus esfuerzos, que te hace sentir insignificante y estúpido aunque todos te digan que lo haces todo bien. No, no entienden.
Habrá mucha gente que no acepta su problema y habemos muchos otros que ya estamos tan acostumbrados a él que pareciera que no tuviéramos nada. Hemos aprendido a lidiar con 2 horas de sueño al día, con criticas internas de a 5 por minuto, con ideas negras de muerte pasando por la cabeza: Este bus se va a estrellar, solo yo me voy a morir porque solo yo lo merezco de verdad; toda esta gente aquí encerrada y la única persona que debería morir si nos estrellamos soy yo.
No sé por qué parece raro que uno se aleje de la gente si lo que no quiero es contaminar, llenar de mi energía negativa aquellos que aún pueden ver el mundo color de rosa. Tampoco quiero que me generalicen: es que eso le pasa a todo el mundo. No quiero ser igual a 8 millones o billones de personas más que puedan haber sobrevivido a situaciones peores: yo no soy ellos.