Me encontré con una foto tuya. Una foto vieja de esas que se toman sin saber muy bien por qué. Una foto en mal formato, pequeñita y casi sin resolución, pero ahi estás con la mente viajando en la tierra de Morfeo, cansado de un día entero de jugar, de reir. Es un día que recuerdo cada vez más difusamente, las imágenes se me van haciendo más difíciles de interpretar, las voces se diluyen lentamente en el correr del agua del río que visitamos. Recuerdo la incomodidad de viajar apretujados pero con la emoción fluyendo con las risas, las palabras que ya no sé que decían ni a qué se referían pero que sé que me hicieron reir hasta que se me salieron las lágrimas.
Una tarde con el sol en la nuca, el agua helada corriendo entre las piernas y el bebé que ahora tiene 16 años sentadito encima de Mary quejándose por cualquier gota de agua que le tocara el cuerpo. Juliana corriendo entre el agua sin sentir el frío del río y nosotros, todos jugando a mojarnos aunque estuviéramos ya empapados. Poco a poco la memoria de ese día se hace más y más lejana, se confunde con otros lugares, otras personas, otras risas. Sé que llegará el día en que mi cerebro olvidará todo, pero esa sensación de calidez seguirá conmigo. Esa paz que me transmitía simplemente el estar hablando hasta la una de la mañana, dibujando con marcador en las caras de mis amados sobrinos, intentando no reirme mientras los bigotes y naricitas de ratones iban apareciendo cuidadosamente sobre la piel dormida. Nunca olvidaré la felicidad de anticipación que me producía saber que ibas a venir a vernos, ni la ansiedad de tener que esperar a que llegaran de un largo viaje pero querer saberlo todo, sin respetar tus horarios ni el descanso que bien se merecían tras 10 horas atorados en un bus.
Donde sea que estés si es que algo de ti existe en el universo (además de estas memorias y las que tenemos los que te conocimos), quiero que sepas que siempre me hizo feliz tu vida, me hizo muy feliz que formaras parte de momentos tan simples pero tan enriquecedores. Te agradezco que me dieras mis dos sobrinos y mi cuñada con todo tu amor y paciencia, que cultivaras una familia y me dejaras ser parte de ella.
Te extraño.