miércoles, 20 de mayo de 2020

Aviso de tormenta.

Llega un momento en que parece que todo está bien, que no hay forma de estropear ningún pequeño detalle de un panorama extenso frente a los ojos; como si no existiera ni una sola nube con matices de gris en el cielo.
¡Cuidado! Es justo en el momento en que haces un parpadeo más largo de lo habitual, ese pequeño instante en que tu respiración se hace irregular, es justo ahí que todo se va al carajo. De repente ocurren todas las improbabilidades juntas, el azar haciendo de las suyas para formar el caos: Las blancas nubes de repente están alborotadas, el sol se oculta sin dejar rastro de dónde encontrarlo en el firmamento. Una brisa pequeñita desata un huracán sobre la playa. Se destroza el paisaje sin saber muy bien en qué momento empezó la pendiente negativa en la regresión.
Una llamada de siempre en la mañana, pero llega con palabras frías, tremendamente calculadas que no se pueden solo refutar y ya está. El espacio físico se reduce a los metros cuadrados que comparto con mi compañera, mi identificación se vuelve un permiso intransferible para tener libertad un par de horas cada semana y suenan más fuerte las voces de la autodestrucción en mi cabeza. Llegan todas las señales juntas y no tengo una ecuación para predecir el sistema, en un segundo una pequeña perturbación sobre la lisa superficie del agua se vuelven oleadas de las que destruyen ciudades.
Por un momento contemplo todo alrededor; las sillas volcadas, los árboles sin hojas, el cielo tan oscuro y alborotado que es difícil ver la linea divisoria en el horizonte que se supone separa el firmamento del océano. La confusión es la forma corriente de las cosas que hace un momento estaban tan claras, tan simples. No existe un ápice de seguridad en el porvenir y solo me queda confiar en que de alguna forma, volverá la vida al paisaje, que se cerrará un día la herida que intento ocultar, que me dirá que nos amamos sobre todo y será de nuevo suficiente.


Me doy cuenta que el amor no es suficiente,
que no existen límites para el caos,
Que los barcos no navegan al oriente,
Que no hay una voz gritando ¡Calmaos!
Desde el cielo solo llega una voz estridente
Que grita ¡Este no es el mundo que compramos!

miércoles, 22 de abril de 2020

Déjame en paz, maldita.

Me amas. Lo sé. Hablamos a diario y me describes tu día, te describo el mío y comentamos alguna cosa.¿Cómo va tu espalda? ¿Y tu cabeza? hablamos de lo queha pasado con mi dermatitis, mi ansiedad. Todo parece estar en orden.
Siento una señal de alarma INCONFORMIDAD latiendo, iniciando un bip incesante que va subiendo el volumen. Todos mis planes de 2020 se han ido al carajo. No podré terminar mi tesis este año, no podré viajar a mi pasantia hasta que haya completado lo experimental y solo necesite equipos... claramente no será este año. No podré pasar 6 meses visitandote o visitándonos. Con tu nuevo trabajo y el coronavirus quién sabe si realmente podremos vernos en diciembre. Irme a una pasantía ya no significa estar cerca tuyo porque ahora tus sueños te arrastran lejos de mí otra vez. Siento tus palabras de enero rompiendo mis esperanzas de que todo saldrá bien. Cada vez que menciono algo que no me agrada vuelves a sacar el tema de Santiago, del daño que te hice, revuelves esas memorias que tanto me desagradan y solo me queda quedarme callada porque sé que es verdad, que puedo ser una mierda de persona. Arrepentirme no cambia el pasado y tu rencor tampoco. Sé que he cometido errores, cada vez que intento pensar en una forma de decirte esto vuelve a atacarme la necesidad de ser la novia perfecta, alguien que con su paciencia logre sacar adelante todas estas cosas que una PANDEMIA ha decidido cambiar en todas las formas posibles.
Ahora siento crecer esa inseguridad dentro de mí, estás viviendo con tu exnovia, otra vez. 5 semanas, incierto de cuánto mas durará, pero aunque a mí me moleste que hayas tomado una decisión sin mí, tu tomas esto como un "no se repetirá" pero siguen pasando los días con una mujer que una vez fue tu futuro. Sigues viviendo con alguien que no soy yo y que pertenece a tu historial romántico, que incluso tiene tatuado tu nombre en su cuerpo para siempre. Dentro de tu cabeza me llamarás hipócrita o cínica, a sabiendas de los errores que cargo, que nunca dejaré de cargar porque no me permites olvidar. Estoy de nuevo sonriendo frente al espejo diciéndome que está todo bien: Karen, esta situación se remediará pronto, todo lo que tienes encima irá cayendo por su propio peso. Mientras tanto la chica que me devuelve la mirada no sonríe, solo tiene lágrimas en los ojos intentando sacar el dolor profundo de la inseguridad, del miedo. Miedo de ser olvidada por no ser quién debería, miedo de ser recordada solo por los errores de mi pasado, miedo de pensar que la convivencia siempre es el soplo de oxígeno que puede encender una fogata.
Muero de desesperación creciente. Estoy entre 4 paredes sin poder viajar, sin poder trabajar, con la mente a mil siempre maldiciendo estar aquí. No sé cuanto más podré resistir esta testarudez de creer que puedo fingir ser perfecta siempre.