martes, 28 de julio de 2015

Consumo de perfección en las noches solamente.

Miro mi vida como si viera a través de una bola de cristal, con las manos de una pitonisa intento adivinar hacia donde se dirigen todos estos esfuerzos que se van haciendo más fuertes cada día, esas pequeñas patadas dentro de la bola que quieren salir, que quieren ser reales. Mi mente me juega la mala pasada de creer que nunca hao lo suficiente por esa niña pequeña que sueña negándose a morir dentro de mí sin haber mostrado sus mejores pinturas al mundo.
Una inspiración llega leve cada día y aunque no siempre logro descifrar qué será aquello que busca el anhelo, me empuja a continuar para averiguarlo. Me pregunto todos los días cual es mi sueño más querido y sonrío al recordar que simplemente quiero cambiar el mundo, tal vez lo haga escribiendo, tal vez mi destino sea volverme pintora o investigadora para ver cumplidos mis deseos ya no tengo un solo camino para hacer las cosas y procuro no sufrir pensando en cual es el más conveniente para mi y los que quiero y me rodean, ahora solo pienso que sería más divertido probarlo todo y ahora la búsqueda es distinta: busco el equilibrio.
Quemé los recuerdos tristes, aticé la chimenea sin miedo a las críticas que sé que recibiré algún día y éstas no significarán nada para mí. Intento encontrar rostros perdidos entre mis recuerdos que me permitan evocar las épocas en las que era feliz inconscientemente, busco honrar la memoria del amor que me marcó el alma para siempre, hoy acepto que las cosas no son siempre como uno las querría pero este dolor inmortal que me acompaña sé que será el impulso de algo grande. Hoy soy una chica de 21 años dispuesta a enfrentar al mundo como se venga porque lo que quiero yo de él es más de lo que puedo pedir, lo que quiero yo es ver mi nombre en todos lados quizás así él lo escuche y sonría porque se siente orgulloso de mí, de todo lo que pude hacer gracias a él y a su inconstancia en mi vida, quizás entonces él me llame e incluso yo ya no lo necesite.