miércoles, 22 de abril de 2020

Déjame en paz, maldita.

Me amas. Lo sé. Hablamos a diario y me describes tu día, te describo el mío y comentamos alguna cosa.¿Cómo va tu espalda? ¿Y tu cabeza? hablamos de lo queha pasado con mi dermatitis, mi ansiedad. Todo parece estar en orden.
Siento una señal de alarma INCONFORMIDAD latiendo, iniciando un bip incesante que va subiendo el volumen. Todos mis planes de 2020 se han ido al carajo. No podré terminar mi tesis este año, no podré viajar a mi pasantia hasta que haya completado lo experimental y solo necesite equipos... claramente no será este año. No podré pasar 6 meses visitandote o visitándonos. Con tu nuevo trabajo y el coronavirus quién sabe si realmente podremos vernos en diciembre. Irme a una pasantía ya no significa estar cerca tuyo porque ahora tus sueños te arrastran lejos de mí otra vez. Siento tus palabras de enero rompiendo mis esperanzas de que todo saldrá bien. Cada vez que menciono algo que no me agrada vuelves a sacar el tema de Santiago, del daño que te hice, revuelves esas memorias que tanto me desagradan y solo me queda quedarme callada porque sé que es verdad, que puedo ser una mierda de persona. Arrepentirme no cambia el pasado y tu rencor tampoco. Sé que he cometido errores, cada vez que intento pensar en una forma de decirte esto vuelve a atacarme la necesidad de ser la novia perfecta, alguien que con su paciencia logre sacar adelante todas estas cosas que una PANDEMIA ha decidido cambiar en todas las formas posibles.
Ahora siento crecer esa inseguridad dentro de mí, estás viviendo con tu exnovia, otra vez. 5 semanas, incierto de cuánto mas durará, pero aunque a mí me moleste que hayas tomado una decisión sin mí, tu tomas esto como un "no se repetirá" pero siguen pasando los días con una mujer que una vez fue tu futuro. Sigues viviendo con alguien que no soy yo y que pertenece a tu historial romántico, que incluso tiene tatuado tu nombre en su cuerpo para siempre. Dentro de tu cabeza me llamarás hipócrita o cínica, a sabiendas de los errores que cargo, que nunca dejaré de cargar porque no me permites olvidar. Estoy de nuevo sonriendo frente al espejo diciéndome que está todo bien: Karen, esta situación se remediará pronto, todo lo que tienes encima irá cayendo por su propio peso. Mientras tanto la chica que me devuelve la mirada no sonríe, solo tiene lágrimas en los ojos intentando sacar el dolor profundo de la inseguridad, del miedo. Miedo de ser olvidada por no ser quién debería, miedo de ser recordada solo por los errores de mi pasado, miedo de pensar que la convivencia siempre es el soplo de oxígeno que puede encender una fogata.
Muero de desesperación creciente. Estoy entre 4 paredes sin poder viajar, sin poder trabajar, con la mente a mil siempre maldiciendo estar aquí. No sé cuanto más podré resistir esta testarudez de creer que puedo fingir ser perfecta siempre.