jueves, 20 de julio de 2017

La censura

Amor no es esto, amor no es aquello.
No es querer estar con alguien, no es querer proteger a alguien, tampoco es darle espacio para crecer ni entregarle tus sueños y miedos con la delicadeza con la que tocarías una melodía en una flauta. No es acercarse lentamente en la noche a su cara y preguntarte qué sueña. El amor no es despertarse con miedo solo para pensar que el mundo es mejor gracias a la existencia de esa persona. El amor no es llenarse de valor al ver el ejemplo de alguien más y pretender seguir un camino que te lleve siquiera a un lugar cercano que te permita ser mejor contigo mismo y con el mundo. El amor no es soñar que te puedes casar, que puedes tener hijos con alguien aún cuando esa idea llevaba descartada desde el momento en que fue sembrada la duda por allá cuando tenías 8 años. Amor no es querer aprender a hacer algo para hacer feliz a alguien. Amor no significa dejar el orgullo de lado para arreglar las situaciones y comunicar todo lo que sientes en pro de un futuro mejor. Amor no es dejar que alguien llore en tu hombro y desahogue toda su rabia y frustración o su tristeza, ni permitir que sepa cuando algo te duela o te haga sonreír. Amor no es enseñarle a alguien cada detalle de tu ser aunque lo consideres tu peor defecto. Amor no es querer evitar el dolor a alguien que te importa. No es sonreír mientras escuchas canciones de vidas felices por pensar que tienes en tu vida algo mucho mejor que lo que describen esos absurdos cuentos. No es invitar a desconectarse del mundo cuando el peso de los problemas aplastan la esperanza o las ganas de vivir. No es tomarse de la mano en la oscuridad sin decir palabras. No es abrazar a alguien cuando su mundo se derrumba, ni tampoco intentar darle un poco de un sentimiento cualquiera diferente a la decepción cuando vez que se cierran las paredes alrededor de ese alguien. No es esperar con ansiedad el momento en que vas a verle la cara o tocar su piel. No es el deseo de vivir cada maldito instante con alguien que sientes que hace feliz el espacio sin importar lo horrible que sea cualquier momento. Amor no es querer darle detalles que le saquen una sonrisa sin razón en un día que puede ser simplemente otro día para todo el resto del universo. Amor no es escuchar. Amor no es aguantar. Amor no es vivir por alguien, morir por alguien, entregarse a alguien, escuchar, pensar, temer, tener, enfrentar, convivir, delimitar, derogar, cooperar, contradecir, recriminar, abrazar, sostener, persuadir, sonreír, diferir...
Amor es justamente esto, de esta manera y de ninguna otra, eso que llamas amor es apego, es costumbre, tiene otro título en el diccionario, otro significado que se escapa de tus absurdas definiciones porque si no tiene definición, sabes que en realidad no puede existir. Si no existe, no es, no perdura, no entiende.
Amor no es nada para nadie, un invento para todos y  todo eso que me dijeron que no era amor y juzgaron como estupidez propia de un ser inmaduro; todo eso que señalaron con el dedo y aplastaron con el diccionario es amor para mí.

miércoles, 14 de junio de 2017

Convirtiéndose en un sujeto de odio.

Siempre me gustó ser reconocida por mis logros académicos... Ya saben, eso de poner mi propio valor en papeles de cartón colgados en la pared, de esos que rezan "le conferimos, le otorga, le felicita" con mi nombre en letra bonita, un número de identificación como si fuera una prisionera del mundo, de mis propias máscaras. Qué bonito que era escuchar mi nombre en los labios de alguien a quien yo no le importaba o que ni siquiera me conocía, reconociendo mi existencia como algo importante de ese mundo artificial al que pertenecer significa un privilegio mayúsculo en comparación con todos esos pobres mortales que no tienen cartoncitos ni pedacitos de papel con su nombre en el papel calco o en su defecto la cartulina bien impresa.
Qué bueno que era sentirse por encima de los demás con solo decir "es que soy ingeniera química y estoy terminando maestría, pronto iniciaré mi doctorado, ya sé hablar inglés y tengo un reconocimiento por buen rendimiento académico, me gradué con honores, etc.,etc."
Ahora ya no sé como sentirme. Despojada de toda esa cáscara, de esas paredes de papel que cubrían mi rostro de sonrisas... Me siento quizás parte de un mundo mejor. No necesito que nadie tenga nada encima para considerar valiosa esa persona. Tener sueños, luchar, eso me importa ahora. ¿Un título? No define a nadie.
Últimamente se ha vuelto bastante común el sentimiento. Mi presencia parece ser un recordatorio constante de fracaso alrededor. Pensé que esa sensación que transmite el hecho de que yo tenga 23 años y haya logrado tantas cosas era en realidad una sensación de orgullo ajeno y en algunas personas quizás hasta de envidia, ¿odio? ¿Me odian de verdad? Es como si fuera un letrero diciéndole a los demás todo lo que pudieron ser y no son. Como si un papel definiera de verdad quién sos y quién podés llegar a ser en tu puta vida, como si la edad para alcanzar ese papelito que define la buena fortuna del resto de tu vida hubiera expirado en el momento en que me miran y se dan cuenta que tengo solo 23 años. "Sólo 23 años y ya hiciste eso y yo no he hecho nada con mi vida".
Ésa no es mi intención. Odio ser un recordatorio ambulante de una especie de sueño comunal en el que ser joven y tener 80 titulos es la razón de vivir, la razón para existir y ser alguien en la vida y como ellos no lo son... Yo soy una persona a evitar.
Esta conversación fue algo así:
Estoy sentada en una silla a las 8 de la noche esperando un transporte, un amigo que me traerá a Palmira. Me encuentro con otro amigo y nos ponemos a charlar.
-Karen, como vas ¿podés ayudarme con esto de un ensayo? Todavía no entiendo esa citación Harvard
-*Inserte lenguaje técnico sobre el manejo de Mendeley*-Dije yo.
-Gracias Karen, te voy a dar un regalo en tu cumpleaños. ¿Cuando es y cuantos cumples?
-18 de octubre,y cumplo 24 años *sonrío*-
-24 años... terminando maestría. Karen, no me recordés eso me hacés sentir como un fracaso. Yo soy mayor que vos y todavía ni siquiera he terminado mi pregrado y mi novia tampoco...
-Cami... ¿yo que puedo hacer? es así mi vida... ¿Lo siento?
-No te disculpes que es peor, me alegra por vos pero me hace sentir mal conmigo.
El resto del viaje fue muy callado, como si mi presencia le incomodara. 
Lo odio ¡LO ODIO! odio esta maldita sensación que causo en los demás solo por ser como soy ¿es tan difícil entender que yo no mido a los demás como me mido a mí misma? ¿Hay alguna maldita manera de ofrecer una MALDITA compañía sincera sin que los demás vean solamente la máscara, el cartón, los títulos? Solo soy esto, solo soy barro (como diría NTVG) soy solo una persona, solo eso quiero ser y me recuerdan constantemente... que no puedo.

domingo, 4 de junio de 2017

Resquebrajamiento progresivo de la cáscara de nuez.

Desde que tengo memoria de mi existencia he tratado de hacer felices a los demás, no ponerme en contra de nada porque sé que eso de alguna forma termina hiriendo a alguna persona. Siempre me pareció más fácil acceder a los deseos ajenos antes que los míos, quizás viendo las sonrisas en otras caras lograría obtener una sonrisa sincera en la mía. Odio las discusiones, trato de ser siempre quién cargue con la culpa de las cosas aunque dentro de mí sepa que es necesario llegar a un acuerdo.
Mis padres discutían mucho y yo siempre me callé todo lo que sentía: amor, rabia, tristeza. Nunca supieron cuando me decepcioné de un amigo, jamás se enteraron cuando fueron crueles conmigo en la escuela, cuando me llamaron "fea" y me excluyeron de las niñas porque era demasiado pequeña, demasiado flaca, demasiado callada, simplemente demasiado yo... Y eso que no decía nada.
Recuerdo muy bien el día que me llevaron a la finca con unos amigos de mis padres y su hijo, un niño de mi edad. Me dijo que jugaramos a las escondidas y yo simplemente accedí. Él era quien me perseguía en la escuela y trataba de agarrarme de la cintura, de abrazarme y yo le huía. Pero ese día éramos solo los dos y no quería que se hicieran comentarios porque yo era muy rara, muy sola, así que accedí a jugar. Él me puso una cobija sobre la cabeza, me dijo "juguemos al papá y la mamá" y se acostó sobre mí y me besó metiéndome la lengua hasta la garganta. No grité, no dije nada pero estaba asustada y recuerdo mis lágrimas mientras él se recostaba sobre mí y me decía que así era como estaban los padres, que estaba bien. El juego siguió un buen rato. Yo tenía 8 años. Nunca dije una palabra y adoré el día que ese niño se peleó con mi hermano y se ganó un buen golpe.
He guardado tantas cosas adentro que me cuesta diferenciar la realidad de las cosas que invento. Siento que la verdad es demasiado cruel, la adorno con detalles para hacer que parezca excusable. Así, entendiendo, sintiendo empatía con quienes me hicieron daño no hay razón para desplomarme en lágrimas cada vez que intento decir algo.
Escribo porque no soy buena diciendo las cosas, suelo herir a la gente porque nunca aprendí a expresarme como se debe y por ésa misma razón, muchos han abusado de mi confianza, de mi silencio. Porque el silencio sufre, los atroces disfrutan y el mundo sigue su curso sin ninguna consecuencia por el dolor de esa alma silenciosa, esa voz ahogada en alguna garganta, atrapada en un corazón que no sabe si es demasiado blando o demasiado duro, solo sabe que es demasiado de algo que no entiende. Permanece en silencio. Permanezco en un silencio que me consume con los años un poco más, me voy desmoronando.
Recuerdo a la perfección como empezó todo. Una charla por internet, un par de chistes, un par de comentarios bien intencionados y la alegría de tener a alguien que entendiera mis silencios más que nadie en el mundo. Unos cuantos encuentros, un par de abrazos y la felicidad recorriendome las venas. Sí, así comenzó. Luego aparecieron algunas señales de que las cosas no podían ser tan rosas como yo lo hubiera querido (o como lo sentía). Él empezó a hablar mal de su madre, a contarme historias terribles de cómo fue maltratado de niño, yo lloraba en silencio y él repetía "ahora estás aquí y te amo". Lo dejé. Tendría que haberse quedado así para siempre, pues una buena parte de mí sabía que toda esa oscuridad terminaría hundiéndome nuevamente en mi miseria, en la depresión de no poder llenar todas las malditas expectativas alrededor. Verlo fingir que lloraba me llenó de coraje para decirle que se fuera de mi vida, lo ví decirme que sufría pero noté su sonrisa debajo de todo ese dolor fingido. Fue en ese momento que supe que nunca podría diferenciar sus verdades de sus mentiras y fue cuando empecé a sentir miedo.
Volvió a mí en un momento crucial. A veces pienso que el universo hizo una gran apuesta y sé que perdí yo. Hizo que me sintiera culpable por dejarlo, ¿quién era yo para hacerlo sufrir, a él, a él que me amaba como a nadie? ¿por qué alguien que había vivido toda su vida complaciendo a los demás no podía ser mejor novia con quién supuestamente daría su vida por mí? recaí en mi vida viciosa, cerré el circulo de confort hasta que me tocaba la garganta. Hice cosas de las que no debería haberme arrepentido como disfrutar en un cine la compañía de una persona que me hacía sentir realmente libre pero me sentí culpable cuando me dijo que le había arrebatado a un amigo. Yo, quien hizo todo en su poder por no herir a nadie, quise ser eso que él necesitaba, la persona ideal para que él tuviera una compañía, para cuidar la imagen de niña buena, la salvadora de todos los desterrados y los miserables, la niña de quien todos podían depender para arrojar su basura y sentirse mejor consigo mismos. Me convertí en la peor versión de mí misma y sé que me arrepentiré de eso hasta el día que me muera.
Nunca podré olvidar la soledad que era darle un beso, ni el dolor que sentía cuando me decía que me amaba pero quería que dejara de hablar con mis amigos. Jamás se borrarán de mi mente esas palabras disfrazadas de bondad mientras me poseía con un salvajismo propio de un maníaco (y yo sé de eso, que soy una maníaca pero de otro tipo). 
-Ven a mi casa, la pasaremos bien-
-¿No preferirías ir a comer o ir al cine?
-No. En mi casa está bien, podemos ver la película que quiero ver hace tiempo ¿recuerdas?
-Está bien, llegaré pronto.
Una manipulación sutil que fue creciendo tan lentamente que incluso hoy se me dificulta encontrar las delgadas tiras de títere que iba poniendo sobre mi ser.
-Ve a dormir, sé que tienes sueño.
Con escuchar esas palabras yo sabía lo que venía a continuación. En el momento que me levantara para ir a dormir, él vendría tras de mí, se recostaría a mi lado y empezaría a restregarse contra mí, empezaría a meterme sus manos entre la ropa. Sin preguntarme nada, sin decir una palabra, un silencio tan dolorosamente eterno. Algunas veces dije "hoy no... no me siento bien". Fingía que me escuchaba y se detenía pero solo un poco como dudando si seguir o no. Me levanté, fui a tomar agua y cuando volví me abrazó contra la puerta y empezó a quitarme la ropa. "Hoy no... en serio". Nada lo haría detenerse. Un beso a la fuerza y sus manos guiando las mías "sabes que sí... lo sé por como me miras". 
-Hoy no, en serio.
No me escuchaba porque sabía que lograría doblegarme. Un pequeño empujón hacia la cama, un par de besos forzados y sabía que yo lo dejaría hacerme lo que quisiera. Él sabía exactamente qué hacer. Nunca supe si se enteraba de las veces que intenté zafarme de las manos suyas que ponían todo su peso sobre las mías, no sé si realmente lo hacía inconscientemente o si ignoraba mis lágrimas, si ignoraba que cerraba los ojos y esquivaba su mirada.
Fueron demasiadas veces el mismo ritual, más de las que quisiera recordar. Sus malditos ojos después de violarme diciendo "te amo, estuviste increíble". ¿Dolía? Claro que sí. Mi cuerpo aprendió a entender que nunca habría preparación previa, que ingresaba a la fuerza, que no se detendría hasta haber eyaculado unas tres veces por sesión, ése era el trato, lo sabía yo, lo sabía él y el resto es historia.
Solía criticar a las mujeres que en algún momento se dejaron aplastar por alguien que amaban o creían amar, porque bueno ¿quién es tan tonto para quedarse al lado de alguien que le hace daño? físico, psicológico, sexual. El abuso es una cosa jodida y solo puedes entender hasta donde puede llegar una victima por permanecer ciega ante lo que sucede. 
Finalmente llegó el día en que empecé a despertar de mi pesadilla, yo me sentía bastante mal y realmente no recuerdo por qué, pero llegué a su casa con la promesa suya de ir a un parque de diversiones a desestresarnos. No había nadie en casa y se me aceleró el corazón, yo sabia que eso significaba una tarde de placeres ajenos a mí pero me sentía demasiado devastada, triste. Algo estaba roto y no sabía como repararlo así que corrí directo a los brazos del dolor hecho persona, le conté que me sentía mal. Me abrazó asegurándome que todo iría bien, que me calmara, que quizás dormir ayudaría. Me recosté y de verdad intenté quedarme dormida, al parecer había olvidado lo que esas palabras significaban. Pero solo yo lo olvidé. No pasó mucho hasta que el ritual dio inicio, pero me detuve. Mi cuerpo, mi mente, mi alma, todo dentro de mí gritaba y me levanté, semi-desnuda y corrí al baño sin explicar nada. Al volver me preguntó "¿lista?"-Quiero dormir- Le respondí. Me puse el pantalón sin ropa interior y me acosté. Quería dormir. Desaparecer. Él siguió insistiendo hasta que me levanté de nuevo y le grité -¡Que no quiero!-sin saber de donde había salido esas palabras me quedé mirándolo fijo para esperar su respuesta.
-¿Qué hago entonces? ¿Por qué no podés ser como las putas? ¿Te tiro plata o qué?
El vidrio se quebró, la niebla desapareció y fue en ese momento cuando pude ver quién era en realidad. ¿A quién le había permitido yo entrar y romper todo en mi vida, mi mundo, mi alma? ¿Quién era esa persona que tenía en frente, sediento de sexo unilateral? Las preguntas me empezaron a carcomer la vida al igual que la tristeza por qué me di cuenta que nadie me había pedido quedarme con él, nadie estaba feliz y realmente a nadie le importaría si yo lo dejara, solo a él.
¿En qué momento la necesidad de complacer a todo el mundo se había reducido al mero hecho de satisfacerlo a él? ¿Servirle a él? ¿En qué momento lo dejé convertir y tergiversar mis sueños en sueños suyos, en ideas suyas? Sé que en esa época perdí una parte de mí que jamás va a volver. La necesidad de pertenecer a alguna parte me hizo aceptarlo en mi vida como la única salida de la cárcel, de los muros que yo misma fui cerrando alrededor mío a través de los años.
Finalmente lo dejé atrás, pero las heridas de ese asqueroso episodio de mi vida siguen sangrando, aunque poco a poco se han ido cerrando, a veces aparecen las pesadillas, el dolor. Me pregunto si esta nueva versión de mí permitiría a alguien usarme y abusarme como él lo hizo esos dos años.
Han aparecido personas valiosas. Siempre creí tener claro cómo se sentía exactamente amar. Creía que se trataba de una compañía compartida en la que básicamente dos personas se llevaban bien en lo que pensaban y hacían, coincidían en ideas y sueños, por lo que decidían unirse, crear familias para continuar. Nunca pensé en dejar de sentir miedo, en ser independiente o en ser felíz conmigo misma. Pensé que mi felicidad siempre iba a estar en manos de los demás y por eso me dediqué tantos años a complacerlos, a ser lo que ellos esperaban de mí porque bueno ¿qué otra manera había de cumplir ese objetivo de vivir? ¿Para qué vivir si no es para hacer felices a otras personas? Cambié y retorcí tanto ese concepto que me convertí en un cascarón dispuesto a pintarse cualquier color con tal de impedir el paso de la luz hasta adentro. Me cerré.
Dicen que las víctimas suelen atribuirse la culpa delos abusos que sufrieron y que eso está mal. Yo creo que en el juicio de mis 23 años de vida tengo que decir que soy lo suficientemente buena para juzgar al menos mi propia vida, y sé que una gran parte de la culpa recae solo en mí, es solo que ahora he decidido que sufrir y quejarse por todo lo que tuve que pasar no me va a servir nunca de nada porque si fuera así, ya tendría que haber surtido efecto y es claro que sigo sintiendo que hay algo que necesito perdonar y exorcizar de mi cuerpo. 
Existen personas que me destruyeron. Existe una persona que merece el título del peor hijo de puta del mundo, al menos en mi mundo. Pero ya me he cansado de esconderlo, me cansé de querer aceptar que todo eso tenía que pasarme por algún plan divino ajeno a mi conocimiento. Ese es el resumen. 
Estoy cansada de dejarme llevar por los pensamientos y deseos de los demás. Estoy cansada de fingir que nada me duele o que nada me toca porque la verdad es que soy asquerosamente sensible. Me gustan cosas que antes jamás podría haber aceptado como parte del universo de lo que disfruto.
Si alguien ha leído este escrito hasta este punto pensará que soy una heroína o una salvadora y quizás es mi subconsciente intentando hacerme quedar bien. No. También he cometido mis errores y he herido a gente que no lo merecía. Incluso es posible que yo sea la villana o la peor hija de puta en la vida de alguien, pero eso realmente no me importa. Sé que no he hecho algo tan malo o al menos en mi consciencia no pesan las lágrimas de alguien llorando desnuda debajo de mí y sé que, aunque sea solo por ese ínfimo detalle, no merezco tanto infierno como a veces me gusta creer que merezco.
Me enamoré (también eso es nuevo). Creí haber amado antes, pero ahora no siento que sea cierto. Siento que mentí, dije lo que otros querían escuchar solo para no quedarme sola y algún día esos falsos "te amo" que salieron de mi boca vendrán por su venganza. Solo puedo pedir que se tarden en el bus. Sí, me enamoré. ¿Que como lo sé? Es un poco difícil de explicar, sobretodo teniendo en cuenta que es algo que no había experimentado antes ¿como identificar algo sin punto de referencia? No podría hacer una pregunta más inteligente que esa (y me estoy alabando) ni menos técnica. Simplemente es así, sé que es amor y simplemente lo sé. Una persona que te ayuda a crecer, que te da la mano, con la que sientes inmediatamente la conexión para exorcizar tus demonios, querer ser una mejor persona no solo por él sino por uno mismo. Es como tener un espejo que te permite aclarar la oscuridad de tu alma, entenderte. Me entiendo a mí misma. Entiendo mis verdaderos deseos, sé cuales son mis sueños de verdad pero sobretodo quiero que él sea feliz, justo como soy felíz conmigo misma ahora. Quiero que él sea feliz consigo mismo y que compartamos esa felicidad cada día de nuestra vida ¿por qué? Bueno, quizás ese "las cosas pasan por algo" al fin tiene sentido.

sábado, 27 de mayo de 2017

Puntillas en la cabeza

Despierto y lo primero que siento es el dolor que va desde los ojos hasta la parte trasera de la cabeza, como si la luz que atraviesa las cortinas oscuras en la ventana pudiera recorrer mi vista hasta su centro de control, abriéndose paso con navajas afiladas. El dolor se esparce unos cuantos minutos, intensamente, me toma un buen rato acostumbrarme a los racimos palpitantes que se hacen más pequeños pero seguirán constantes todo el día.
¿Qué fue lo que soñé? A veces recuerdo pequeñas escenas extrañas que no logro conectar entre sí. Otras veces el camino que recorrí en el mundo onírico es tan claro que me resulta difícil creer que una parte fue inventada justo en el momento en que intenté recordar.
Algunos días son peores que otros.
Hoy fue uno de esos días. Soñé que corría por un laberinto oscuro, sentía la desesperación del "yo" que corría mirando inútilmente hacia atrás, intentando guiarse apoyando las manos en las invisibles paredes cubiertas de una negrura interminable. Luces. Una, dos, luego tres y gritos que parecían no tener origen. Me vi a mí misma bajo una lámpara, cubierta de cadenas y candados, gritando, llorando, suplicando por ayuda, luego mientras una de mis "yo" intentaba desatar a la otra, perdió el conocimiento tras un golpe en la cabeza y al despertar una risa terrible y una mirada que nunca voy a poder olvidar, sin importar cuantos años pasen la seguiré recordando con rencor y algo de miedo. La mirada de él intentando poseerme. Sus manos llenas de cortadas (seguramente de lucha contra mí) con partes de cuchillas aún clavadas. Sus horribles manos tocándome mientras los gritos se ahogaban en mi garganta. Su boca recorriendo mi cuerpo y mi voz muda de tanto gritar. Una embestida, dos. Un "Te amo" al oído, otra embestida y el líquido caliente bajando por mis piernas y aún sin terminar, la muñeca de trapo que parece mi cuerpo sigue resistiendo con la sangre manchandome toda la espalda. "Siempre voy a amarte, voy a estar contigo, te amo". Palabras sucias en mis oídos y un desmayo que es un alivio. Me despierto y estoy sudando, me duele el cuerpo y la cabeza me da vueltas como si hubiera tomado más de una botella de alcohol. Hoy fue una mala noche. A veces estas pesadillas se repiten día tras día, como recordándome lo sola y desprotegida que en verdad me siento cuando duermo sola, cuando estoy abrazando la almohada viendo fotos de Jorge conmigo, convenciéndome que no será una mala noche, que lograré evitar la angustia y la desesperación solo con un "buenas noches bebé linda, descansa".

miércoles, 10 de mayo de 2017

Rabia.

Apreto los dientes al recordar. Recuerdo cada palabra, el timbre de la voz haciéndome creer que no valía nada al mismo tiempo que unos brazos crueles me abrazaban. No quise soltarme, me puse una venda en los ojos y oculté mi verdadero ser, me convertí en un títere que hacía todo lo que su voz me ordenara: Extiéndete allí, asiente si digo esto, deja de hablar con esa persona.
No era más que un cascarón vacío, dispuesto a recibir cualquier cosa incluyendo eso que me vendieron como amor eterno pero que se sentían como púas en el alma. Acepté todo lo que él quiso darme, fui todo lo que él quiso que fuera. No entiendo como pude ser tan poco en ese instante de mi vida ¿por qué si me sobraban razones para alejarme, para pelear... no lo hice? ¿Cuales fueron las palabras que usó esa persona para doblegar mi espíritu?
Rabia. Siento enojo por no poder devolverme, por seguir siendo tan noble y no correr a partirle la cara, partirle la vida y que recoja los pedazos. ¿Por qué no siento la necesidad de reirme si él se siente desgraciado? No quiero verlo nunca más y me duele, me arde la conciencia de rabia y desespero por no poder ayudar a esa persona que sufría en silencio y disfrazaba el dolor con sonrisas, dejando su felicidad de lado, aceptando latigazos en la espalda con lágrimas que fluían hacia adentro. Esa figura difusa del pasado me recuerda de vez en cuando lo peligroso que es perder la identidad dentro de otra persona, a veces llora dentro de mí y me exige que pague el precio del dolor que ella sufrió, a veces siento que no debería ser feliz, que no debería olvidar el vacío del pasado. A veces siento que me persigue la pena y la culpa, que las lágrimas quieren aflorar de nuevo y es como si escuchara su voz en mi oído, como si no hubiera pasado nada de tiempo, como si no hubiera cambiado tanto, me confunden todas las voces que retumban dentro de mi cerebro y no puedo dormir.
No pienses que me dañaste la vida para siempre porque esto es solo un rasguño. Vivo, respiro y soy mucho mejor de lo que era, me enseñaste cosas que no necesitaba aprender pero me hice más fuerte después de haber muerto.
Ojalá algún día me despertara sin los recuerdos de esos dos años en que no fui yo misma.
Ojalá esa figura sombría que vive dentro de mí llegue a alcanzar la paz y deje de despertarme con sus pesadillas e inseguridades.
Ojalá que siempre estés tan lejos de mi vida como sea posible.
Ojalá que un día comprendas todo el mal que me hiciste cuando todo lo que quería yo, era hacerte feliz aún a costa de mi propia esencia, espero que comprendas y que cuando lo hagas te mate la culpa.

lunes, 13 de febrero de 2017

Atrapada

En medio de una red que cae con su peso. Miles de nudos que se van ajustando alrededor de mi cuerpo ¿por qué? hay que tomar decisiones, hay que ser adulto y saber qué hacer.
Una parte de mí entiende esa lógica que todos parecen ver. La entiendo, la acepto como cierta, esa bella moral de la sabiduría comunal; el refugio de todo ser alguna vez en su vida. Sentir el escudo protector de esconderse detrás de "el correcto" común. ¿Y qué es correcto para mí? ¿Qué quiero yo?
¿Que quedará resonando una vez se apaguen todas las voces del exterior?
Un silencio incómodo conmigo misma y no me atrevo a contestarme. No encuentro ni las palabras ni las ganas de luchar contra mi instinto natural de hacer felices a los demás sin importar qué. Construyo mis paredes alrededor y luego con esfuerzo las acerco, las vuelvo más y más estrechas entre sí hasta que casi no puedo respirar. Pido ayuda sin quererla realmente, me hiero a mí misma con pensamientos obsesivos y acciones compulsivas. Lo sé, la culpa es mía. ¿Por qué será que debo pensar demasiado en todo? Cada camino posible, cada historia por descifrar es un llamado a crear el peor escenario posible, volverlo el único en el panorama que casi no se ve. Lo que me espera después de la crisis, la ansiedad, las millones de preguntas y la angustia creciente. Lo que siento cada vez que el palpito de mi corazón se acelera lentamente. Lo que pienso antes de dormir, antes de soñar con un mundo donde nada de esas terribles dudas existen. ¿Cuál será la respuesta correcta? ¿existirá acaso?.
El mundo tiene la manía de ponerlo todo en mis manos, permitirme hacer planes y después quitarlo mientras se burla de mi inocencia permanente ¿se reirá de mí?

lunes, 9 de enero de 2017

Promesas. Decepciones.

Nunca prometiste hacer nada por mí. Pero esperaba darlo todo a cambio de un poco de cariño, un poco de confianza. ¿Ves lo que hago? No puedo ser altruista con nadie más. Cada vez que intento ser un poco mejor que la niña tonta y enamoradiza termino aún más herida que en tiempos pasados. ¿Qué terrible desgracia me estará preparando la vida? Cada vez es peor. Cada beso que doy me envenena el alma, me hace menos felíz y más entregada.
La dueña de las contradicciones... Me siguen haciendo daño y sigo dando aún más de mí. Realmente me esfuerzo y solo consigo la mirada de rechazo, la mirada que me llena de culpabilidad por pasados a los que no pertenezco. Yo solo quiero terminar mis días en paz, deseo pegar los pedazos que dejaron de mí, deseo ser algo bueno... Solo una vez.