¿Qué se siente cargar con tantos títulos, etiquetas? Cansado. Es demasiado ser todo lo que los demás quieren y aún así uno sigue re-inventándose todos los días, esperando quizás conseguir esa sonrisa de orgullo que nunca viene, un sentimiento recíproco de compasión, aprobación o un solo guiño que te diga "gracias por hacer de todo por no hacerme daño, gracias por sufrir en mi lugar". Pero no. La vida sigue.
Dormir menos de 3 horas, o dormir en exceso y sentirse tan cansada como si hubieran pasado menos de 10 minutos, levantarme todos los días con más arrugas en la cara que las que debería cargar alguien que tiene 22 años. Sentir el peso de lo que debo ser siempre está acabando con mi vida y lo triste es que invento excusas para seguir en el mismo lugar. No me atrevo a moverme un milímetro porque sé que alguien terminará llorando. Anhelo un pasado que ni siquiera fue tan placentero, solo por no dejar morir los sueños que tardé tanto en construir, como si valiera la pena seguir protegiendo el recuerdo de las esperanzas muertas, los muros caídos tras la realidad de la no-continuidad. Como si refugiarse en un sitio conocido fuera suficiente para seguir sufriendo por una razón que pierde la lógica.
A veces me pregunto si nací para ser el complemento que puede alegrarle el día a otras personas que no son como yo. Si las etiquetas de "buena" son la razón por la que existo. Buena hija, buena amiga, buena novia ¡como si pudiera vivir de opiniones! y a veces siento que lo hago. Solo que no vivo. Sobrevivo como puedo.
Llegan otros días en los que me siento mas como yo misma y soy capaz de aislarme, hacer cara de asco cuando me tocan, cuando un comentario traspasa los límites de lo permisible y puedo mostrar mi disgusto sin problema. Lamentablemente siempre llegan esas noches de arrepentimiento en el que nada parece buena compañía, menos algo que venga de mi misma. Encuentro refugio en las palabras de otras personas que nada saben sobre mí, que no comprenden como es que parezco tan feliz si por dentro me carcomen los pensamientos negativos de a mil por segundo, aunque nadie comprenda la desaprobación que siento por mí me gusta ver cuando lo intentan. Pienso que existe la posibilidad de que algún día no tenga que lidiar conmigo, que pueda pensar cosas banales mientras hago el desayuno, cosas como ¿los huevos de qué tipo de granja tendrán? en vez de mis compulsiones diarias acerca de la muerte y la tristeza.
Me refugio de mí misma exponiéndome a mi propio maltrato, soy varias personas o ninguna. Un ente o una multitud que camina y voy seleccionando las máscaras que uso, las combino, las remodelo. ¿Quién seré debajo de todo esto? Suelo compararme con una mariposa congelada, porque desde afuera todos pueden ver con la claridad del cristal la belleza que dibujan mis sueños, mis expectativas de lo que debería ser la vida, mi forma de comportarme ¿y yo? Bueno, solo siento el frío.
Dormir menos de 3 horas, o dormir en exceso y sentirse tan cansada como si hubieran pasado menos de 10 minutos, levantarme todos los días con más arrugas en la cara que las que debería cargar alguien que tiene 22 años. Sentir el peso de lo que debo ser siempre está acabando con mi vida y lo triste es que invento excusas para seguir en el mismo lugar. No me atrevo a moverme un milímetro porque sé que alguien terminará llorando. Anhelo un pasado que ni siquiera fue tan placentero, solo por no dejar morir los sueños que tardé tanto en construir, como si valiera la pena seguir protegiendo el recuerdo de las esperanzas muertas, los muros caídos tras la realidad de la no-continuidad. Como si refugiarse en un sitio conocido fuera suficiente para seguir sufriendo por una razón que pierde la lógica.
A veces me pregunto si nací para ser el complemento que puede alegrarle el día a otras personas que no son como yo. Si las etiquetas de "buena" son la razón por la que existo. Buena hija, buena amiga, buena novia ¡como si pudiera vivir de opiniones! y a veces siento que lo hago. Solo que no vivo. Sobrevivo como puedo.
Llegan otros días en los que me siento mas como yo misma y soy capaz de aislarme, hacer cara de asco cuando me tocan, cuando un comentario traspasa los límites de lo permisible y puedo mostrar mi disgusto sin problema. Lamentablemente siempre llegan esas noches de arrepentimiento en el que nada parece buena compañía, menos algo que venga de mi misma. Encuentro refugio en las palabras de otras personas que nada saben sobre mí, que no comprenden como es que parezco tan feliz si por dentro me carcomen los pensamientos negativos de a mil por segundo, aunque nadie comprenda la desaprobación que siento por mí me gusta ver cuando lo intentan. Pienso que existe la posibilidad de que algún día no tenga que lidiar conmigo, que pueda pensar cosas banales mientras hago el desayuno, cosas como ¿los huevos de qué tipo de granja tendrán? en vez de mis compulsiones diarias acerca de la muerte y la tristeza.
Me refugio de mí misma exponiéndome a mi propio maltrato, soy varias personas o ninguna. Un ente o una multitud que camina y voy seleccionando las máscaras que uso, las combino, las remodelo. ¿Quién seré debajo de todo esto? Suelo compararme con una mariposa congelada, porque desde afuera todos pueden ver con la claridad del cristal la belleza que dibujan mis sueños, mis expectativas de lo que debería ser la vida, mi forma de comportarme ¿y yo? Bueno, solo siento el frío.