A veces me imagino como sería si no me preocupara tanto. Extraño no poder ignorar a la gente como solía hacerlo, alejar mis ojos del mundo y concentrarme únicamente en mí como toda una egoísta.
Quizás jugar una o dos veces frente al espejo, inventándome las conversaciones, aunque esa es una costumbre que aún no pierdo del todo.
Recuerdo el ser de 15 años que veo en el espejo todos los días, cada vez más joven, más inmadura, menos rota. Recuerdo la necesidad que tenía de sentir algo por alguien y el vacío en el alma que sentía al mirarme y no ver ni un solo deje de tristeza. Yo solía estar apegada a las imágenes mentales que me iba haciendo de las personas, a los cuadros de personalidad que le encajaba a la fuerza a cada uno y era feliz.
Ahora no sé que es esa extrañeza, soy una familiar de todo el mundo y me pierdo en problemas ajenos a los míos, siento empatía, siento dolor. Demasiado dolor. Me mandas un vídeo con sonidos para dormir que me dan dolor de cabeza y yo me río por dentro porque sé que no lo haces con mala intención... Es más fácil hablar contigo con sinceridad que con cualquier otra persona y eso es porque ya no tengo forma de romperte, ya no quiero impresionarte con el currículo que vendo cuando hablo de mí y de las cosas que hago que me hacen única y especial. Tu ya sabes quién soy así que puedo ser yo misma. Justo esa es la definición de las cosas absurdas de la vida: Entre más distancia camino lejos de nuestros sueños, más cerca te siento de mi. Como si la distancia fuera un combustible para la nostalgia de las cosas inexistentes, de los momentos no vividos pero soñados: Una maldita manía de poner en la realidad los recuerdos de todo lo que siempre quise que fuera y nunca fue.
Una imagen que proyecto desde mi cabeza modificando el pasado, haciéndolo amable y aunque no lo desee en mi presente siento que un fantasma formado de ilusiones me persigue: todo lo que pude ser, lo que podría haber dicho, como podría haber sido y no fue. Lo absurdo se hace cotidiano y suelo retomar costumbres antiguas: que me pongan los zapatos, que me besen la espalda ¿y para qué? quizás lo que yo quiero no sea construir una historia diferente, sino re-hacer la que ya tengo en la cabeza. Con otros rostros, con otras manos guiándome en el camino; hacer todo lo que no hice, decir todo lo que no dije ¿y a quién? a otra persona. ¿por qué? porque siento que puedo, que quiero y que debo.
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