Muchas veces escuché "dedícate a estudiar y no pares nunca, no salgas con amigos a perder el tiempo que la juventud y las ganas solo duran un poco".
Crecí con la idea de que mi vida tenía que seguir el esquema. Doce horas de estudio al día, una hora para leer, ocho horas más para dormir, tres para cada comida y listo, nada más por hacer. Ahora me siento un poco mal por esas personas que viven así. Aprendí que para mantenerme atenta necesito cuidar de mí misma, distribuir mi tiempo entre las cosas que amo.
"¿Como tienes tiempo de pintar, dibujar, nadar? ¡Hay tanto por hacer!"
Siempre van a haber millones de cosas por hacer, quizás pueda parecer que el tiempo es increíblemente corto y que hay mil prioridades antes que disfrutar de los hobbies así que decidí que lo mejor para mí es hacer las cosas cuando me nacen aunque parezca que no hay tiempo ¿por qué?
Reflexionando, creo que nos pasamos la vida tratando de que todo en todo momento funcione de la manera correcta para poder recibir las palmadas en la espalda y las felicitaciones de gente cuya felicidad puede que sea parte de la nuestra, pero no es absoluto. ¿Para qué recibir palmaditas en la cabeza y tarjetas de felicitaciones si tu alma sangra? Es absurdo. Pinto cuando siento que necesito y quiero hacerlo, juego cuando quiero distraerme, salgo cuando quiero hacerlo y estudio cuando quiero. No quiero ser más un juguete al que programan con todas las tareas del día, ni quiero caer en la rutina ni en perderme en horarios y metas. Yo soy yo y funciono a mi manera, me alimento de aire y distracciones y soy más productiva cuando siento que hago las cosas porque siento que quiero hacerlas ¿por qué obligarme a mí misma a hacer cosas que no quiero? ¿Para frustrarme porque no me salen como quiero? No. No tiene sentido para mí.
La clave que encontré tras tantos años de intentos fue hacer de mi vida las páginas de un libro que me saque sonrisas cuando cumpla 80. No quiero arrepentirme ni mirar atrás y pensar "ojalá le hubiera dedicado más tiempo a vivir y menos a sobrevivir". Vivir no valía la pena para mí y recuerdo esa época oscura en mi pasado, han sido muchos años ahogada en opiniones ajenas a mi juicio y como diría mi mamá "ya estoy grandecita pa' saber que es bueno". Yo sé como funciono, yo sé como vivo, déjeme ser señor ente macabro representante de los comentarios ajenos.
Crecí con la idea de que mi vida tenía que seguir el esquema. Doce horas de estudio al día, una hora para leer, ocho horas más para dormir, tres para cada comida y listo, nada más por hacer. Ahora me siento un poco mal por esas personas que viven así. Aprendí que para mantenerme atenta necesito cuidar de mí misma, distribuir mi tiempo entre las cosas que amo.
"¿Como tienes tiempo de pintar, dibujar, nadar? ¡Hay tanto por hacer!"
Siempre van a haber millones de cosas por hacer, quizás pueda parecer que el tiempo es increíblemente corto y que hay mil prioridades antes que disfrutar de los hobbies así que decidí que lo mejor para mí es hacer las cosas cuando me nacen aunque parezca que no hay tiempo ¿por qué?
Reflexionando, creo que nos pasamos la vida tratando de que todo en todo momento funcione de la manera correcta para poder recibir las palmadas en la espalda y las felicitaciones de gente cuya felicidad puede que sea parte de la nuestra, pero no es absoluto. ¿Para qué recibir palmaditas en la cabeza y tarjetas de felicitaciones si tu alma sangra? Es absurdo. Pinto cuando siento que necesito y quiero hacerlo, juego cuando quiero distraerme, salgo cuando quiero hacerlo y estudio cuando quiero. No quiero ser más un juguete al que programan con todas las tareas del día, ni quiero caer en la rutina ni en perderme en horarios y metas. Yo soy yo y funciono a mi manera, me alimento de aire y distracciones y soy más productiva cuando siento que hago las cosas porque siento que quiero hacerlas ¿por qué obligarme a mí misma a hacer cosas que no quiero? ¿Para frustrarme porque no me salen como quiero? No. No tiene sentido para mí.
La clave que encontré tras tantos años de intentos fue hacer de mi vida las páginas de un libro que me saque sonrisas cuando cumpla 80. No quiero arrepentirme ni mirar atrás y pensar "ojalá le hubiera dedicado más tiempo a vivir y menos a sobrevivir". Vivir no valía la pena para mí y recuerdo esa época oscura en mi pasado, han sido muchos años ahogada en opiniones ajenas a mi juicio y como diría mi mamá "ya estoy grandecita pa' saber que es bueno". Yo sé como funciono, yo sé como vivo, déjeme ser señor ente macabro representante de los comentarios ajenos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario