miércoles, 14 de diciembre de 2016

Emoción

Siempre he creido que para hacer algo bien hecho, sea relacionarse con otra persona o realizar un trabajo o actividad... es necesario que exista un combustible que se llame emoción. Si no se me acelera el corazón, si no siento que se me parte un pedazo del alma al estar lejos de ese algo o alguien, mi corazón inmediatamente lo descalifica en un aburrimiento desmedido, inmerecedor de atención.
A veces me pasa que todo comienza como una gran bajada de montaña rusa, todas las emociones en las puntas de los dedos y no puedo esperar para obtener otra descarga de adrenalina; sin embargo, al poco tiempo las mismas cosas que me emocionaban empiezan a aburrirme y me alejo, me distraigo, encuentro otro sitio qué querer. En algunos momentos se siente como si nada me importara, luego todo me importa, todo me mueve y me transforma. Un altibajo de emoción que arrastra otras personas y mis propias metas y aunque existen instantes en los que creo que sería mejor mantener una actitud estable frente a todo; me he ido acostumbrando a mis arranques, a no hacer caso de los comentarios ajenos a mi propio ser.
Llevo años yendo y viniendo de mis gustos y pasiones y a pesar de eso. Siempre está él. Siempre entre mis silencios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario