Un momento de oscuridad en el día. Un pequeño instante de traición a la confianza para volverme a sentir un objeto vulnerable. ¿Como es posible encontrarse con un completo desconocido en tan pocos segundos? Una sola acción redefine los conceptos que tengo sobre alguien en mi mente. Un trastorno que crece se apodera de los recuerdos gratos, los va tergiversando a versiones malévolas de lo que consideraba un buen amigo. De repente las charlas interesadas, los abrazos amistosos y las palabras de ánimo me resuenan en un eco mentiroso que se ríe de mí. Se ríen de mí, ¡lo siento en mi cuerpo! Alguien que me quite esta sensación desagradable por favor, alguien que me recuerde que tengo voluntad, alguien que me grite para hacerme mover de mi posición recién adquirida de jarrón decorativo. Pero no hau nadie y el tiempo pasa. Mientras tanto me debato entre la duda y el dolor, el espacio se reduce hasta que se me dificulta respirar. Finalmente tomo aire y recuerdo todo en un par de segundos. Mi cuerpo se sacude fácilmente las manos traidoras que intentaron llevarme hasta la reminiscencia de la oscuridad de mi vida. ¿Cuántas veces he de enfrentarlo?
Es doloroso e innecesario, pero eso a la vida nadie se lo explicó.
Es doloroso e innecesario, pero eso a la vida nadie se lo explicó.
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