Es difícil, es parte de toda esta aventura en la que nos embarcamos hace más de un año... sé que no se hará más sencillo con el paso de los días y me prometí resistir, porque sé que esperar es lo único que puedo hacer por ahora: esperar que el paso de los días se haga suficientemente rápido, que no me permita sentir el dolor de tu ausencia en mi vida y que me deje verte aunque sea un solo instante... Un solo momento de tu compañía.
Soñé que estarías conmigo toda la noche, que despertarías conmigo sin que fuera una ilusión. Te esperé al abrir los ojos, esperé tus preguntas de rigor sobre el café, abrir la puerta y encontrarme un pasillo corto dispuesta a darte una pequeña alegría justo cuando te dieras cuentas que estoy ahí contigo y no aquí, tan sola conmigo. ¡qué decepción! despertar y no verte ahí, saber que estás tan lejos y que aún falta más y más tiempo... Paciencia, paciencia ¡PACIENCIA! claro, ¿has pensado en mi posición? ¿cómo es que enamorarme así me hizo tan terriblemente delicada? No sabía a qué me estaba comprometiendo cuando dije que te esperaría, que te amaría en la distancia y claro, ahora entiendo que este dolor desgarrador no se irá aunque de vez en cuando me dé un descanso mientras te escucho hablarme antes de dormir, cuando recién despiertas. Parece que no lo entendieras y duele. Duele que no veas que haría todo con tal de estar contigo aunque no sea suficiente, aunque tenga que soportar otros 5 meses sin tenerte cerca de mí. Me vuelvo loca y busco excusas para no quererte: que sigues casado con una mujer a la que tu felicidad no le importa y debo aferrarme a la esperanza que abandonará tu casa cuando encuentre a alguien tan loco y adinerado que se la lleve lejos cual historia infantil (o de netflix) que la mantenga porque su fracaso no le permite ser nada más que una estúpida miserable empeñada en hacerte la vida imposible... Además debo soportar que la defiendas diciendo que no es así, que ella también sufre (¡Con lo que me importa!) y que oh pobrecita lleva dos años arrastrando una indigencia que no se merece ¡oh dolor! ¡oh empatía no me toques!. También que aunque tu no le prestes importancia, no tengo lugar en tu vida familiar, no conozco a ninguna de las personas con las que compartes el apellido, tus lazos, con quienes te criaste y que a pesar de todo son tu familia... No, yo sigo siendo invisible e incluso podré parecer a ojos de muchos una simple entrometida porque claro, tú sigues casado.
Me pregunto también por qué preferiste viajar hasta el otro lado del mundo en plena época navideña, limitando nuestras conversaciones, el tiempo que podíamos compartir (poco) de vacaciones ¿por qué no valía la pena venir aquí y hacerme feliz aunque fuera solo un par de días? sé que te gusta viajar... ¿por qué no procuraste reunirte conmigo en algún lugar? No. Preferiste irte lejos (no sé si es lo más lejos posible), al internet limitado, a una diferencia horaria casi infranqueable... Y recibí un 2019 entre lágrimas y sollozos en un baño porque nadie quiere ver a una tonta llorando un 31 de diciembre sin poder explicarle a nadie por qué el novio prefirió irse a Vietnam en lugar de concertar un encuentro con la mujer que ama... Ya lo sé, eres libre y por eso no te dije nada, al fin y al cabo es tu decisión.
Nada de eso me importaría, no me dejaría arrastrar por esos pensamientos si no me pasara el día preguntándome por qué no me llamas, ¿por qué insistes en pasarte los días sin siquiera escribirme? La liga, el trabajo, la casa, la comida... ya sé lo que dice la Karen sarcástica: si no te habla es porque no quiere. Duele que no me brindes el amor que me declaras y me dices que te alejas de mí para no extrañarme y poder soportarlo, pues gracias, tus métodos solo te funcionan a ti.
Yo sigo aquí, sola, desvariando, queriendo volar para encontrarte y borrar todo esto de mi cabeza ¡poder por fin dormir tranquila! pero no puedo... y ahí estás tú con tu ausencia de palabras, con ese limitarte a responder (y a veces siento que se me acaban los temas absurdos para hacerte hablar)... y se me ocurre preguntarte que te parecería una visita loca de una semana para amainar un poco el dolor de tenerte tan lejos y allá vas tu diciéndome que no vale la pena tanto esfuerzo por tan poco tiempo... Siento ese témpano de hielo atravesarme el corazón mientras me pregunto ¿cuando fue la conveniencia importante desde que iniciamos esta relación? ¿Cuando fue que la conveniencia cobró tanta importancia como para impedirme verte aunque sea un instante entre enero y abril? No sé si lo imagino... pero claro, no querrías recibir una visita inesperada si ella sigue en tu casa, a solo una puerta de distancia.
Soñé que estarías conmigo toda la noche, que despertarías conmigo sin que fuera una ilusión. Te esperé al abrir los ojos, esperé tus preguntas de rigor sobre el café, abrir la puerta y encontrarme un pasillo corto dispuesta a darte una pequeña alegría justo cuando te dieras cuentas que estoy ahí contigo y no aquí, tan sola conmigo. ¡qué decepción! despertar y no verte ahí, saber que estás tan lejos y que aún falta más y más tiempo... Paciencia, paciencia ¡PACIENCIA! claro, ¿has pensado en mi posición? ¿cómo es que enamorarme así me hizo tan terriblemente delicada? No sabía a qué me estaba comprometiendo cuando dije que te esperaría, que te amaría en la distancia y claro, ahora entiendo que este dolor desgarrador no se irá aunque de vez en cuando me dé un descanso mientras te escucho hablarme antes de dormir, cuando recién despiertas. Parece que no lo entendieras y duele. Duele que no veas que haría todo con tal de estar contigo aunque no sea suficiente, aunque tenga que soportar otros 5 meses sin tenerte cerca de mí. Me vuelvo loca y busco excusas para no quererte: que sigues casado con una mujer a la que tu felicidad no le importa y debo aferrarme a la esperanza que abandonará tu casa cuando encuentre a alguien tan loco y adinerado que se la lleve lejos cual historia infantil (o de netflix) que la mantenga porque su fracaso no le permite ser nada más que una estúpida miserable empeñada en hacerte la vida imposible... Además debo soportar que la defiendas diciendo que no es así, que ella también sufre (¡Con lo que me importa!) y que oh pobrecita lleva dos años arrastrando una indigencia que no se merece ¡oh dolor! ¡oh empatía no me toques!. También que aunque tu no le prestes importancia, no tengo lugar en tu vida familiar, no conozco a ninguna de las personas con las que compartes el apellido, tus lazos, con quienes te criaste y que a pesar de todo son tu familia... No, yo sigo siendo invisible e incluso podré parecer a ojos de muchos una simple entrometida porque claro, tú sigues casado.
Me pregunto también por qué preferiste viajar hasta el otro lado del mundo en plena época navideña, limitando nuestras conversaciones, el tiempo que podíamos compartir (poco) de vacaciones ¿por qué no valía la pena venir aquí y hacerme feliz aunque fuera solo un par de días? sé que te gusta viajar... ¿por qué no procuraste reunirte conmigo en algún lugar? No. Preferiste irte lejos (no sé si es lo más lejos posible), al internet limitado, a una diferencia horaria casi infranqueable... Y recibí un 2019 entre lágrimas y sollozos en un baño porque nadie quiere ver a una tonta llorando un 31 de diciembre sin poder explicarle a nadie por qué el novio prefirió irse a Vietnam en lugar de concertar un encuentro con la mujer que ama... Ya lo sé, eres libre y por eso no te dije nada, al fin y al cabo es tu decisión.
Nada de eso me importaría, no me dejaría arrastrar por esos pensamientos si no me pasara el día preguntándome por qué no me llamas, ¿por qué insistes en pasarte los días sin siquiera escribirme? La liga, el trabajo, la casa, la comida... ya sé lo que dice la Karen sarcástica: si no te habla es porque no quiere. Duele que no me brindes el amor que me declaras y me dices que te alejas de mí para no extrañarme y poder soportarlo, pues gracias, tus métodos solo te funcionan a ti.
Yo sigo aquí, sola, desvariando, queriendo volar para encontrarte y borrar todo esto de mi cabeza ¡poder por fin dormir tranquila! pero no puedo... y ahí estás tú con tu ausencia de palabras, con ese limitarte a responder (y a veces siento que se me acaban los temas absurdos para hacerte hablar)... y se me ocurre preguntarte que te parecería una visita loca de una semana para amainar un poco el dolor de tenerte tan lejos y allá vas tu diciéndome que no vale la pena tanto esfuerzo por tan poco tiempo... Siento ese témpano de hielo atravesarme el corazón mientras me pregunto ¿cuando fue la conveniencia importante desde que iniciamos esta relación? ¿Cuando fue que la conveniencia cobró tanta importancia como para impedirme verte aunque sea un instante entre enero y abril? No sé si lo imagino... pero claro, no querrías recibir una visita inesperada si ella sigue en tu casa, a solo una puerta de distancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario