martes, 17 de noviembre de 2015

Dolor.

¿Qué se sentirá despertarse con la seguridad de que será un gran día? mis caras se debaten en dar los pronósticos en la mañana, al final nunca me decido pero me preparo para el dolor. Sé que vendrá, de una forma u otra. A veces parece que es el único que puede ser sincero dentro mío, siempre hay algo que manipula el resto de cosas que creo sentir y termino fingiendo que no sé qué esperar mientras mi cabeza guía mis pensamientos al peor escenario posible. No soy pesimista, lo juro.
Voy en el bus. Imagino todas las formas posibles en que mi cara podría terminar destrozada en el pavimento. ¿Qué sentirían si ya no estoy? ¿Me recordarían acaso o solo habría un vacío momentáneo en el universo? Un vacío sin identidad, sin nombre, quizás solo un eco inaudible para el mundo, algo que una vez estuvo y ya no está. Escribo mentalmente mis cartas de despedida, cuento con los dedos de la mano las personas que de verdad aprecio en mi mundo. Me encargo de recordarme que no estarán para siempre y que el delicado equilibrio en el que nos atrevemos a coincidir puede romperse con una simple palabra, quizás una acción. Ser olvidada: mi gran temor, mi gran dolor. 
Me encuentro llorando, a veces sé las razones, a veces me gusta creer que no las sé porque me hace más incapaz, como si me eximiera de la responsabilidad de sentir... si no sé por qué lloro ¿por qué debería dejar de hacerlo si no sé qué cambiar? es un alivio no tener que exigirme ser diferente. 
Un dolor que me cruza la sien y se aloja sobre mi ojo izquierdo. Me volví vampira. No dormir, soñar solo con mi muerte y pensar en lo que dejaría atrás: los alicientes de mi migraña. 
Si es el dolor lo único que parece real ¿en qué mundo vivo? No me siento alienígena de otras emociones pero tengo ese pequeño resquicio de crueldad siempre gritando, taladrandome el pensamiento: se va a poner feo, siempre duele ¡que no te importe!, al final sí me importa. Al final sí se pone feo. 
Me pregunto las razones por las cuales le asigno mi felicidad a entes pasajeros, entes imposibles: el amor que nunca tuve, la belleza que no pude apreciar, el pasado que nunca recuperaré. Me cuesta ubicarme en el tiempo y otro tic tac me saca de quicio. Viene de nuevo el dolor.

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