Llega un momento en que se ha sufrido tanto por un mismo motivo que las frases dejan de fluir, se hace imposible seguir describiendo lo que se siente y no porque finalmente haya sido expulsado del sistema sino porque ya no existen más palabras. Ocurre con la felicidad ¿por qué no con el sufrimiento?.
Llega un punto en que el corazón está tan quebrado y uno ha llorado tantas horas por la misma maldita razón que ya cualquier comentario posterior parece parte de un extra en una película, uno no termina de creer las excusas y se siente alienado de la realidad. Queda el subconsciente haciendo de las suyas, alimentando el insomnio en las noches/madrugadas, haciéndolo a uno partícipe de las decisiones más estúpidas del mundo: pretender alejarse a ver si deja de doler, pretender estar bien para no herir cuando es uno el que camina como convaleciente. Ocultar, pretender.
Me siento enredada en una red interminable de mentiras sobre quién soy y como me siento, sigo valorando más el dolor de otros que el mio. Me siento culpable de todos los errores que me hacen llorar, merecedora de ser la decisión incorrecta de otros, merecedora de palabras de odio disfrazadas de sinceridad amorosa.
Justamente en este instante me encuentro inmóvil en las vías de un tren, esperando que me pase por encima la ansiedad y la depresión, quizás esté viva para ver qué queda una vez que los prejuicios, el orgullo y la honestidad me pasen por encima.
Llega un punto en que el corazón está tan quebrado y uno ha llorado tantas horas por la misma maldita razón que ya cualquier comentario posterior parece parte de un extra en una película, uno no termina de creer las excusas y se siente alienado de la realidad. Queda el subconsciente haciendo de las suyas, alimentando el insomnio en las noches/madrugadas, haciéndolo a uno partícipe de las decisiones más estúpidas del mundo: pretender alejarse a ver si deja de doler, pretender estar bien para no herir cuando es uno el que camina como convaleciente. Ocultar, pretender.
Me siento enredada en una red interminable de mentiras sobre quién soy y como me siento, sigo valorando más el dolor de otros que el mio. Me siento culpable de todos los errores que me hacen llorar, merecedora de ser la decisión incorrecta de otros, merecedora de palabras de odio disfrazadas de sinceridad amorosa.
Justamente en este instante me encuentro inmóvil en las vías de un tren, esperando que me pase por encima la ansiedad y la depresión, quizás esté viva para ver qué queda una vez que los prejuicios, el orgullo y la honestidad me pasen por encima.
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